Andamos confundidos, queridos: creemos que tener pareja significa tener una cosa que podemos querer, odiar, pegar, gritar, mandar, ordenar, humillar, besar y follar y también mostrar. Como tener un perrito, pero que cree que nosotros somos, del mismo modo, otro perrito que les pertenece.
Las mujeres se llenan la boca de frases categóricas: “No hagas eso, no hagas lo otro”, “Llámame, ¿por qué no me llamaste?”, “Háblame de tus emociones, quédate conmigo”, “No llegues más tarde de las tres, no bebas tanto”, “No hagas el ridículo, tus amigos son unos imbéciles”, “Deja ese trabajo, no te compres ese coche”, “¡Dedícate a mí!”

Lanzan sms como si fueran confeti. Si no contesta en lo inmediato, surge la desesperación. Más sms. Llamadas perdidas. Mails, Messenger, “Te veo conectado, ¿por qué no me hablas?”
Exigen, piden, ponen de vuelta y media a sus chicos con sus amigas: “¿Que te dijo qué cosa? ¡Qué cabrón! ¡Qué hijo de puta!” Y luego a follar medio insatisfechas, no me corro, pero da igual, al menos está por mí, está pendiente de mí, él siempre se corre, qué suerte, soy yo que tengo problemas, no me corro con la penetración, soy clitoriana, no vaginal.
Los hombres buscan hasta que obtienen lo que quieren, da igual si mienten, ya está la mujer para pensar que cambiará: ¿no quieres una relación de pareja? Es igual, yo haré que quieras tenerla.
Mientras el hombre utiliza su fuerza cuando algo le disgusta: si me puteas, te vas a enterar. Le doy un puñetazo a la mesa, pego un grito, cojo la puerta y me voy, doy un portazo, ya volveré, es mi perrito, siempre acabará abriéndome la puerta. Y si no me gusta lo suficiente, la mantendré allí, por si acaso algún día estoy solo y tengo ganas de compañía.
No saben si nos corremos o no, qué más les da si finges o no, ellos viven en su mundo, meten, sacan, “¡Ah, qué placer!” “¿Te has corrido?” “Sí”, dice ella mintiendo. Bueno, pues genial, yo prefiero creerte. Luego no me vengas con arramucos, lo que me apetece es un whisky o un pitillo, y si se me levanta otra vez, te tocaré las tetas para que dejes hacer de nuevo.
Un sms cada tres o cuatro días, no vayas a escaparte. En cuanto me tengas un poco olvidado, volveré a la carga. Si me entero de que estás con otro, vendré a suplicarte que vuelvas conmigo. Te haré la cabeza un lío. Eso me encanta. Tenerte allí, expectante.
Y ella mientras sigue con sus amigas: “Qué no me llama hace tres días” “¡No jodas! ¡Pasa de ese cabrón!”
Pero él llama y todo está bien, –¡Oh!–, volvamos a utilizar el sexo como instrumento: yo para tenerte cerca, y tú para recuperar tu virilidad, sentirte bien machote, pasarte un buen momento, mucho mejor que pagando.
Andamos confundidos: dos mujeres muertas en veinticuatro horas a manos de sus parejas. Cientos de mujeres esperando una llamada.
¿Esto es el amor del siglo XXI?
A mí siempre me quedará Cristóbal.
No ladra y no espera que yo lo haga.
Foto: Cortesía & © by Dominique Lefort