Colección Voyeur

Viernes 27 de Junio de 2008
Mezclar cosas...

(... que no sé mezclar)

En unos días regreso a Carlos.
Hace seis meses que no le veo, y quiero verle.
Me muero por sus besos.
No sé si alguna vez conté en La Amante a qué sabían los besos de Carlos.
Saben a voz.
Hablan y hablan suavecito, pausados, medio desgarrados, como la voz de Salva, forzándolos desde algo que debe de tener muy dentro.
Quizás por eso cuando me besa se me colocan los besos en los oídos: se parece a mezclar gusto y música, como si te estuvieras comiendo la canción, o como si estuvieras escuchando el té con aroma a rosas de la mañana.
Pero lo malo de los besos de Carlos es que también te obligan a pensar.
¿Qué hay después?
Comerme su polla, tragarme su semen, sentirle hasta el fondo mientras me penetra tomándome de las caderas, correrme pidiéndole que me tape la boca, para no romper sus caricias y su sexo con mis gritos chabacanos.

Tomarle del pelo y estirárselo con fuerza mientras se pierde entre mis piernas y revuelve con su saliva el sabor de mi placer.
¿Cómo puede la ternura de la música pasar en tan poco tiempo a ser el basto instinto animal descontrolado?
¿Por qué el amor que siento por él se diluye en cada embestida y mis emociones se pierden en el camino de la lujuria y el egoísmo orgásmico?
A veces siento que quiero parar en sus besos.
Y a veces siento que si deja de meter su mano bajo mi falda sobre mis braguitas ya húmedas no le voy a permitir besarme nunca más.
Y otras me doy cuenta de que pasión y cariño no siempre van reñidos.
No sé por qué el cariño se me hace extraño junto al deseo. Como si me escindiera. Como si amar con ternura no pudiera entregarse a la misma persona con la que follas desatada.
Tal vez por ello no sepa amar completamente.
Quizás por ello me resulte imprescindible regresar estos días a Carlos: para sentir que soy capaz de escuchar un
bolero y una canción de trash punk en el mismo MP3.
Pero la experiencia no puede durar más que unas horas.
Luego vuelvo a mi vida en donde ser Amanda enamorada y ser Amanda la guarra son departamentos estancos.
Al menos ahora mismo.

Foto: Cortesía & © by Sonja Huenecken

 
Publicado por Amanda a las 05:00

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