Un pausado abrazo de carnes huérfanas sacude la esencia del ser.
Eva y sus dudas.
El perfume maltrecho de la rosa que se abre bajo el influjo de unos labios para desposeerse en el cántaro de ese viril acento.
Una preñez de nucas y de prontos, de ciertos e inciertos, de lucha contra el tiempo.
Mientras son las caderas las que se anclan, reclamando la vida, armonizando en esperas celosas de placeres.
Subterfugio de la sinrazón acallando a golpes de deseo.

Mientras son las sombras las danzan, como el tango, pura vida y puro dolor.
Y a él, a él nunca le halle tan lejos y tan cerca y percibo su dulce vértigo. Me ahogo y desespero deseando que mis labios duelan de besarle la piel, los párpados, las manos. Contienda lenta y angustiosa contra el reloj que llevo dentro.
Foto: Cortesía & © by Cristina Rivera