Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Poema 15, Pablo Neruda
A veces no es necesario hablar, aunque tú y yo seamos unos parlanchines y por lo general pasemos horas conversando de lo humano y lo divino, de lo terrenal y lo celestial, de banalidades y temas importantes, de pequeñas y grandes cosas. Hay ocasiones en que las palabras sobran y ninguno de los se detiene a pensar si somos bilingües, políglotas o a duras penas machucamos nuestro propio idioma.
De un plumazo se borran tus buenos conocimientos de ruso e inglés e incluso la excelencia con que manejas esta hermosa lengua materna que compartimos. Por mi parte, olvido que además del español también sé inglés e italiano, o que tengo esta loca fantasía de hacer el amor en portugués, que algún día seguiré estudiando francés y que el griego, con todo y sus declinaciones, me chifla.
Son esos momentos en que mi cuerpo se comunica con el tuyo y ambos se entienden por sí solos, en un silencio casi total y con una armonía que sólo puede calificarse de perfecta. Por arte de magia, creamos nuevas palabras, conjugamos verbos en distintos modos y tiempos, dejamos de ser la primera y segunda persona del singular para convertirnos en la primera del plural e inventamos un modo muy personal de expresarnos. Es cuando desciframos nuestro lenguaje corporal.

El apasionado dialecto de tus ojos color café le saca chispas doradas a mi mirada esmeralda. Con manos creativas voy dibujando un nuevo argot a lo largo y ancho de tu piel. Nuestras bocas mudas descubren el placer de un discurso que está por encima de lo lingüístico. Los brazos se vuelven abrazos. Ambas lenguas se traban en amena charla. Las pieles se transforman en páginas blancas que invitan a escribir mensajes cifrados para que los dedos se encarguen de leer sus códigos secretos.
Cual experta traductora e intérprete, apenas tú mueves la cadera hacia el lado derecho, yo entiendo que quieres que me tienda de espaldas y me abra a ti. O si la mueves hacia la izquierda, sé que es hora de darme la vuelta y ofrecerte mi espalda. Sin tener que profundizar en semiótica y enredados conceptos semiológicos, con ahínco de lexicógrafo experto te dedicas al estudio de mi corpus lingüístico, tomando muestras orales de aquí y de acá y repasando textos con los diversos medios a tu alcance.
Nos acordamos de la sintaxis con el único propósito de llevar a cabo un exhaustivo estudio de estructuras y posiciones. Probamos a alterar significados cambiando a éste o aquel elemento de lugar. Pronombres y sustantivos saltan de aquí para allá. Se confunde lo tuyo con lo mío y pasa a ser nuestro. Jugamos con artículos determinados e indeterminados, singulares y plurales, femeninos y masculinos. Los verbos se conjugan en imperativo. Aparecen numerosos expletivos para mostrarnos su utilidad a la hora de explotar.
Cuando por fin yacemos exhaustos, nuestras lenguas en reposo y deliciosamente entrelazados, comunicándonos a través de un lenguaje no verbal, vienes y susurras a mi oído: “ОБНИМАЙ МЕНЯ”. Y yo, como si usara a diario el alfabeto cirílico y las estepas fuesen mi hábitat natural, te abrazo fuerte, muy fuerte, porque te entiendo más allá de lo que es posible comprender.
Foto: “Write on me the words you cant tell” Cortesía & © by María Flores