Amalgama

Labios carmesíes, pulpa con aroma propio,
saciedad que no encuentra mesura
en la lava del volcán que se derrama húmedo e incipiente.
Ambición jugosa hecha de barro.
Alegoría a un dios a vencer.
Formas perfectas que se encienden,
con cada agasajo de mi boca.
Tatuaje cálido hecho de corales.
Exhalando el último aliento gime.
Te deseo... Aunque no lo quiera.
Foto: Cortesía & © by Carlos Carpier
No he dejado ni uno solo de estos días de sentir cómo el sol se convertía en tu cuerpo, los rayos en tus dedos...

El agua cristalina era tu lengua, penetrando mi ser, paseando en mi interior como en su casa.
El calor del sudor sobre mis sienes, recorriendo mi cuerpo hasta los pechos, erizando mi piel y mis pezones... duros como pidiendo que siguieras...
No pares ni en la noche, ni en el día.
No he dejado que un solo momento se escaparan tus ojos de mi mente, amasando mis besos, vertiendo en mí el aceite mezclado con los jugos del deseo.
Y mientras yo bailaba mi grupa se posaba entre tus piernas, como un lazo invisible me llevabas en volantas por la arena...
No lo he dejado ni un solo día...
No te he dejado ni un solo día...
Siempre a mi lado... tentándome, prohibido... y hoy ya estoy aquí: contigo.
–Quiero ser una desconocida para ti y que lo seas para mí. Sólo quiero sexo, y que luego lo olvidemos.
–Me parece bien. Vamos a mi casa, ni te imaginas las ganas que te tengo... eres muy sexy...
Vamos en su coche, ni siquiera sé dónde vive, pero no me preocupa. Le deseo –mucho más ahora, en persona–, y lo vamos a pasar muy bien. Mientras conduce me mira las piernas con disimulo, visiblemente excitado y nervioso. Pone música sensual, su cuerpo huele muy bien y todos mis sentidos están... [continúa]
¿Qué sentirán las olas?
¿Qué sentirá la arena?
"Quisiera ser", Alejandro Sanz
Eres más que una masa de agua salada, mucho más que esa vastedad donde la vista se pierde, infinitamente más que meras profundidades.
Para mí constituyes una fuerza vital, energía pura.
Tu esencia sobrepasa llanuras y abismos, alta mar y costa, olas encrespadas y calma chicha, bajamares y pleamares.
En la quietud de tus aguas... [continúa]
Dicen que hace mucho, mucho tiempo, un día como éste, nació un ángel.
Nadie sabe precisar con exactitud cuándo fue ni adónde sucedió.
Algunos dicen que bajó del cielo así, de pronto, y se percató que había llegado a una habitación vacía en un lugar solitario y triste que, en un instante, iluminó con su sonrisa y el brillo de sus ojos.

Cuando se encontró ahí, ese primer dia, en... [continúa]
Les ruego sepan disculparme los madrugadores, pero entre el malestar del día “inimputable” y el nervio ciático, casi no pude dormir y estuve toda la tarde y gran parte de la noche a la miseria.
Estoy esperando que venga La Enana Maldita que ayer me dijo por teléfono:
–Mañana te pongo una inyección y Santas Pascuas.
–¿Vos? ¡Naaaaaa! ¡Ni loca! –La Enana con una jeringa y una aguja es más peligrosa que un mono con un fusil de asalto cargado y sin seguro.
–Vos andá... [continúa]
Está ahí, en ese lugar cálido y receptivo, en ese hueco acogedor que es, a la vez, característica y definición de tu condición de mujer.
Como por extraño sortilegio, no cualquiera puede verla. Tampoco tocarla y menos aún usarla para abrir el cofre secreto que decidiste reservar sólo para el afortunado que sea digno de utilizarla.
Es cierto, no es fácil llegar a poseerla.
Aunque a veces parezca sencillo, no permites que cualquiera la obtenga.
Has aprendido a preservarte después... [continúa]
En mi primera cita con Musta se me plantean, como siempre, decenas de dudas.
A saber...
¿No hace demasiado calor para un cuscus con cordero?
¿Los musulmanos te ponen mirando pa’la Meca igual que los españoles te ponen mirando pa’Murcia a las primeras de cambio?
¿Es la chilaba la vestimenta ideal para ir a cenar?
¿Por qué me ha dado por desempolvar mi vieja y rancia caja de té a la menta traída de mi último viaje a Marruecos?
¿El escotazo enseñando el canalillo es el... [continúa]
Irme a dormir mojada y despertarme aun más mojada. Encontrarme con una tempestad que diluye silencios y borra los vacíos de la espera, latiendo en mí tu cuerpo al caminar tu lengua por mi cuello y la espalda.
Se definen en brisa tus pasos, me encarcela tu aroma abrazando febrilmente mi deliro.
Los cuerpos prisioneros han dejado de serlo.

Y tus... [continúa]
Me agasajan estos días.
Me miran con lujuria.
Me desnudan.
Y sé que los miras.
Y no dices nada.
Y te callas.
Al salir te encuentro.
Sigues sin hablarme.
Me subo en tu moto, conduces deprisa.
De repente paras.
–¿Qué pasa? –pregunto.
Te mojas los labios.
Me lanzo a tu boca.
Te como la lengua.
–Vamos a tu casa –ordenas.
Me das las dos horas que llevas guardándome desde hace unos días.
Resbalo en tu cuerpo, vuelves a agarrarme, me mueves, me muerdes, me agitas, me puedes.

Te vistes despacio, me miras sabiendo que soy incapaz de decirte que no.
Y otra vez te vas.
Otra vez: tú.
Foto: Cortesía & © by José Manchado
Una de mis más tórridas fantasías ha sido siempre la de tener sexo salvaje con un completo desconocido. En mi fantasía nos cruzamos por la calle, nos miramos, le sonrío y me invita a un Martini que no llegamos a tomar. Él, moreno, elegantemente vestido con traje y corbata, insuperable sonrisa. Yo, melena oscura, vestido negro entallado por encima de la rodilla y zapatos altos de tacón. Apenas cruzamos un par de palabras, no hay preguntas, sólo nos besamos y gozamos en una de las avenidas... [continúa]
Porque en efecto
las bicicletas son para el verano.
Si me preguntaran cuál ha sido el amante más dulce que he tenido en mi vida, sin dudarlo ni un instante respondería que ha sido Gerardo. Era un orfebre uruguayo a quien conocí durantes unas vacaciones, en la playa de mi adorada Isla de Margarita adonde yo iba todos los días a bañarme y tomar el sol y él acudía a vender las preciosas piezas de joyería que fabricaba con plata y objetos marinos.
Aún... [continúa]
Hoy no hay historias de travesuras, ni recuerdos pícaros, ni reflexiones profundas o autocríticas, ni anécdotas de mi paso por el hospital.
¿Saben por qué?
Por varias razones.
Quizás, la de más peso es porque en la redacción, mi editor me incautó los tres últimos relatos –con algunos más que no se habían publicado–, sin posibilidad de apelación.
–¿Cómo que no se publican? –pregunté, sintiendo que me subía la sangre a la cabeza, reacción consecuente con mis genes italianos... [continúa]
Sucede en un instante y es entonces cuando para mí, la existencia se transforma en una simple cuestión de perspectiva.
No se trata de la lucha estéril por el yo-arriba-tú-abajo. Ni tiene que ver con dominar o someterse. Procurar el placer o recibirlo.
Suele ocurrir –como te digo–, en un momento. En ese infinitesimal fragmento de eternidad que es cuando ya ni hablas, ni gimes ni te quejas. No te mueves ni respiras. Te laten las sienes y el corazón de golpea con más... [continúa]
Hay un tipo que me gusta.
Lo curioso es que me gusta sólo para mirar.
Y no me refiero a que el tipo sea un adonis.
Sé que tengo barreras sociales, psicológicas y totalmente estúpidas, que impiden que a mí ese tipo en cuestión me pueda gustar más allá del mero gesto de mirarle con cierto interés.
Me explico, que sé que así a bote pronto la historia puede parecer incomprensible.
El tipo es un camarero. El camarero del bar de los domingos.
Trajinar, acunar, surcar… Acariciar con mi cuerpo el tuyo.
Arañar con mis uñas tu espalda.
Ser placer cómplice y frágil, respiración acelerada, aventura y gotas de sudor en tu ombligo.
Morbo y provocación. Sexo casi animal.
Lamer suavemente ese elixir que calma a los sedientos, no permitir que existan en tu geografía tierras vírgenes.
Lasciva lujuria que nos enfrenta sin que ninguno salgamos derrotados, mientras sube y baja mi pecho henchido, dejando percibas la violencia de... [continúa]
Te dejaré descansar, si es que quieres.
Para después sobre mi cuerpo ahuyentar tus miedos.
Acomódate lento.
Repasa a tu gusto.
No quiero que esta noche andes con prisas.
Pues no me voy a ir, sólo me moveré,
mientras me muevas.
O cuando con mirada suplicante,
me pidas que cabalgue hasta el infierno.
Seré de ti... no dudes.
Chupando el caramelo de tu vicio,
los ojos siempre fijos en los tuyos.
Gemidos que susurras en mi oído.
Seré de ti... seguro.
Desnudo y caprichoso, sé que esperas.
Olvídate y pon la mente en blanco,
en negro sólo quedará mi tanga.

Y tu boca la siento muy hambrienta...
Seré de ti... sedienta.
Foto: Cortesía & © by José Manchado
Por la mañana, después de una intensa noche de sexo, siempre amanecíamos abrazados, él boca arriba, rodeándome con su brazo, y yo enlazada a su pecho, respirando el delicioso aroma de su cuello. Él solía llevar puesto exclusivamente un pantalón largo de algún pijama de Calvin Klein y yo uno de los pantaloncitos cortos de los conjuntos que él me compraba habitualmente. Le gustaban muy atrevidos y que dejasen al descubierto parte de mis nalgas. Siempre tuvo una predilección especial por mi... [continúa]
Muerdo el anzuelo de tu boca
y poco después despierto…
"Peceras de amor", Gioconda Belli
–Estoy fascinada con tu invitación a salir juntos de pesca.
–¡Ah, me alegra te guste la propuesta!
–¿Ya decidiste a dónde iremos?
–No, aún no. Pero estuve hablando con unos pescadores del puerto y me comentaron que en los islotes esos de allí enfrente hay muy buena pesca.
–¡Estupendo, parece un sitio precioso! ¿Y te dijeron si se pesca... [continúa]
A veces las mujeres tenemos
una curiosa manera de complicarnos la existencia. ¡Y yo que creía que me pasaba
a mí sola! ¡Qué va!
Ahí estaba
Flor, que miraba azorada cómo su pareja más que flotar en el tedio de la tolerancia
y del aguantarse mutuamente –mal camino–, había entrado en caída libre
hacia el desastre porque había confundido los roles y en vez de convivir con
un hombre, sobrevivía con alguien que le servía de bastón. Una valiente, Flor,
de poder mirar así su propia... [continúa]
Hay noches, cuando apago la luz y me quedo a solas con mis recuerdos y mis pensamientos, en las que me toman por asalto imágenes tan vívidas, que parecen reales. Aunque no son más que secuencias de instantes, sólo eso.
Fragmentos de existencia que se agolpan en mi memoria antes de tomarme de la mano y acompañarme al sueño.
Una de esas noches de las que te hablo descubrí que, como todos y cada uno, tú tienes una característica peculiar, un gesto distintivo, un modo típico,... [continúa]
(Inciso: Hoy he aprendido que el verbo reflexivo “lucrarse” conlleva la gratuidad. Es decir, que uno no se lucra si no es gratuitamente. Toda la vida pensando que lucrarse era simplemente enriquecerse. Pues no. Es enriquecerse sin tener que invertir absolutamente nada. Como me lo ha contado un magistrado de un tribunal –sala de lo civil–, me lo he creído. Y me he ido contenta a casa pensando que hoy, también, he aprendido algo nuevo).
Hace tiempo que no recordaba las... [continúa]
Ropa de encaje para ser provocación de tus instintos.

Humedad deliciosa entre la que galopan magistralmente dirigidos diez hábiles corceles, surcando calmos la distancia entre el liguero y mi delicado torbellino, avanzando sin prisas, abriéndose camino entre pétalos de carne.
Tu voz abrazando mis caderas, tu boca escapando de mi cuello y tu lengua dibujando caricias al recorrer mi espalda mientras sigo mordiéndome los labios para enmudecer entre gemidos.
Mi mundo calla, esta tarde, licuada entre tus manos.
El calor de tu cuerpo se transforma en mi agua.
Tu sonrisa en mi almohada.
Foto: Cortesía & © by Dominik Szmajda
Caliente y perfumada... así es como me dejas,
después de pasear por mi cuerpo y mi cabeza.
Ardiendo como el fuego de nuestra chimenea.
No es nada que no puedas remediar,
cuando te marchas... y luego vuelves a acabar lo que
dejaste.
Rebañas hasta el último gemido.
Disfrutas el umbral de cada grito,
cosechas sin pereza el fruto de lo prohibido,
y besas de la fuente que fluye, y fluye, y fluye...

Caliente y perfumada de tus olores suaves,
las sábanas mojadas que llenan los rincones,
y tu susurro ciego
todavía en mí,
siento como entraste y sin salir te marchaste...
Y aquí estás dentro...
calentándome.
Foto: Cortesía & © by José Manchado
Llego a su casa a la hora acordada. Aparco el coche, desconecto el GPS (he ido varias veces, pero sigo sin aprenderme el camino) y me doy el último retoque de rigor en el espejo retrovisor. Todo perfecto.
Llamo a la puerta y me recibe en traje y con la corbata a medio quitar. Está hablando por el móvil, me mira con deseo y me invita a entrar, balbucea un par de excusas mientras sus manos se cuelan debajo de mi falda, y cuelga el teléfono.
–Me vuelve loco que te vistas así para mí...... [continúa]
Yo sé que estoy aquí
para escribir mi vida.
Que vine poco a poco
hasta esta silla
"Poética", Ángeles Mora
Sí, sin duda es tu sillón preferido. La tela raída de sus brazos y el cojín achatado indican que lo usas con frecuencia. ¿Y cómo no iba a ser así? Si su ubicación en ese acogedor rincón invita al descanso, la radiante luz que entra por la ventana lo convierte en el lugar perfecto para sentarse a leer un... [continúa]
–Pero usted dijo “Plasma”, doctora... –estaba diciendo la enfermera cuando abrí la puerta del comedor, esa mañana en la que pasé por el hospital a la sagrada hora de la colación, para compartir el café con los conspicuos miembros de La Banda.
Kojak, como es habitual, hojeaba el diario. Hasta el día de hoy no sé si lo lee o se esconde detrás de las páginas, o si es su forma de entrar y salir de las conversaciones.
Flor se limaba las uñas con un grado... [continúa]
Estaba en eso de explicarte que la incontinencia verbal es una cosa, y la angustia oral otra muy distinta. La primera induce a no pensar antes de hablar, como si en nuestro cerebro, hubiera una falla, desperfecto, avería o desconexión en el sector que coordina las acciones. Mientras que la segunda, la mayoría de las veces y ante la presión de ciertas situaciones cotidianas, se presenta como un cable a tierra, como el recurso que tenemos más a mano, para descomprimirnos. Por otra parte,... [continúa]
Algunos, mejores.
Otros peores.
Los hubo para olvidar.
Los hubo de aquellos que nunca podré olvidar.
Pero todos pasan.
Y todos suman.
Hoy, treinta y ocho.

Inicio mi camino hacia la respetable señorita de edad madura en la que me voy a convertir.
Foto: Cortesía & © by António Manuel Correia da Silva
Texto escrito por Amanda el 14 de junio. ¿Reflexión por su cumpleaños?
No lo sabemos. En todo caso, se nos pasó.
De manera que vaya nuestro deseo de felicidades atrasado.
Todos los que hacemos Voyeur
Tocar, rozar, acariciar.
Desnudez de tu cuerpo.

Tus nalgas.
Pasear licenciosa mis pechos sobre tu piel ungiendo tu lascivia.
Tu boca lacerando mis labios.
Tus dedos apremiantes mimando aquello que luego recorrerá tu lengua.
Mi aliento entrecortado, el sudor recorriendo mi espalda.
Copular de forma desenfrenada siendo únicamente instinto.
Tu saliva, tus jugos.
Buscar.
Firmar la paz bajo tu ombligo.
Impregnar el deseo de jadeos incesantes.
Algunos días creo que el diccionario no contiene suficientes palabras para permitirme expresar la desnudez del alma…
Y es que no sólo quería follarte…
Aunque eso también.
Foto: Cortesía & © by Gundula Glueck
No he cedido ni un ápice del miedo que me da no tenerte apresando mis dedos con los tuyos derramando en mi vientre tus secretos.
No he querido ceder, porque es el mío y me posee tanto como el mismo deseo.
Qué más da que grite y que me agarre hasta la última arruga de tu cuerpo.
Sé que te irás, y que el miedo me guarda hasta el regreso.
Porque quiero el temor de llegar a ser libre de no llegar a llorar con cada orgasmo tengo miedo de que no me acaricies el pelo cuando acabas y roces mis mejillas con tus labios.

No deseo tenerte más que un rato.
Tan enganchada al miedo estoy que es por tu culpa que le quiero.
No sé si igual que a ti.
Pero le quiero.
Foto: Cortesía & © by Thomas Kierst
Llevo toda la semana deseando ver a Carlos y por fin estoy allí, aparcando el coche enfrente de su casa. Mientras recorro la distancia que nos separa, sólo se escucha el sonido de mis zapatos de tacón en la calle desierta y, aunque hace frío, no puedo evitar excitarme y humedecerme pensando en lo que va a ocurrir a continuación.
Llamo a la puerta y cuando me ve no se entretiene preguntándome qué tal estoy. Simplemente me mira de arriba abajo con lujuria, se muerde el labio inferior... [continúa]
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