No he cedido ni un ápice del miedo que me da no tenerte apresando mis dedos con los tuyos derramando en mi vientre tus secretos.
No he querido ceder, porque es el mío y me posee tanto como el mismo deseo.
Qué más da que grite y que me agarre hasta la última arruga de tu cuerpo.
Sé que te irás, y que el miedo me guarda hasta el regreso.
Porque quiero el temor de llegar a ser libre de no llegar a llorar con cada orgasmo tengo miedo de que no me acaricies el pelo cuando acabas y roces mis mejillas con tus labios.

No deseo tenerte más que un rato.
Tan enganchada al miedo estoy que es por tu culpa que le quiero.
No sé si igual que a ti.
Pero le quiero.
Foto: Cortesía & © by Thomas Kierst