No he dejado ni uno solo de estos días de sentir cómo el sol se convertía en tu cuerpo, los rayos en tus dedos...

El agua cristalina era tu lengua, penetrando mi ser, paseando en mi interior como en su casa.
El calor del sudor sobre mis sienes, recorriendo mi cuerpo hasta los pechos, erizando mi piel y mis pezones... duros como pidiendo que siguieras...
No pares ni en la noche, ni en el día.
No he dejado que un solo momento se escaparan tus ojos de mi mente, amasando mis besos, vertiendo en mí el aceite mezclado con los jugos del deseo.
Y mientras yo bailaba mi grupa se posaba entre tus piernas, como un lazo invisible me llevabas en volantas por la arena...
No lo he dejado ni un solo día...
No te he dejado ni un solo día...
Siempre a mi lado... tentándome, prohibido... y hoy ya estoy aquí: contigo.