Yo sé que estoy aquí
para escribir mi vida.
Que vine poco a poco
hasta esta silla
"Poética", Ángeles Mora
Sí, sin duda es tu sillón preferido. La tela raída de sus brazos y el cojín achatado indican que lo usas con frecuencia. ¿Y cómo no iba a ser así? Si su ubicación en ese acogedor rincón invita al descanso, la radiante luz que entra por la ventana lo convierte en el lugar perfecto para sentarse a leer un libro y tanta frescura es excusa para cabecear una breve siesta la tarde del domingo.

Pues hoy quiero confesarte que también es mi mueble preferido. Pero quiero decírtelo así, con el cuerpo cubierto tan solo por mi deseo de ti, apoyándome a medias, con una pierna en su asiento y un pie en el piso, de espaldas a ti y hurtándote la mirada por completo. Estoy expectante, indecisa y temerosa, porque no sé si te gustará el recibimiento o te molestará mi atrevimiento.
Y a medida que te acercas te voy explicando que lo prefiero por razones muy distintas a las tuyas. Porque lo que a ti te relaja tanto, a mí despierta la imaginación y me enfebrece el deseo. Acá donde tú terminas casi todos tus días a mí me gustaría empezar muchas noches. Esta cómoda butaca en la cual tú descansas el merecido reposo del guerrero, yo la veo como campo propicio para enzarzarnos en actividades que no guardan relación alguna con la calma.
Esos brazos donde sueles reposar tus codos, los imagino como soporte para mis rodillas o, atreviéndome a fantasear más allá, ¿por qué no de mis corvas? Allí donde recuestas la espalda, quiero hundir la cabeza. Lo que tú consideras tu templo de quietud, yo insisto en profanarlo, convirtiéndolo en algo más que un mueble: en el asiento de la francachela. Aquí en tu sillón me dispongo a hacerte mío.
Foto: Cortesía & © by David Waldvogel