Colección Voyeur

Martes 29 de Julio de 2008
Experimentando II

–Quiero ser una desconocida para ti y que lo seas para mí. Sólo quiero sexo, y que luego lo olvidemos.
–Me parece bien. Vamos a mi casa, ni te imaginas las ganas que te tengo... eres muy sexy...
Vamos en su coche, ni siquiera sé dónde vive, pero no me preocupa. Le deseo –mucho más ahora, en persona–, y lo vamos a pasar muy bien. Mientras conduce me mira las piernas con disimulo, visiblemente excitado y nervioso. Pone música sensual, su cuerpo huele muy bien y todos mis sentidos están activos. Mi nivel de ardor al máximo, empiezo a notarme excesivamente húmeda, y todavía no me ha puesto la mano encima... se me antoja besarle, lamerle, chuparle... hacerle mío allí mismo, pero no es el momento... todavía no...
Llegamos, aparca el coche en el parking y me abre galantemente la puerta, ofreciéndome su mano para salir. Primer contacto después de tantas conversaciones, de tantas noches, de tantas confidencias...
–¿Sabes en qué estoy pensando, preciosa?
–Lo sé, y quiero exactamente lo mismo que tú. Todo lo que se te pase ahora mismo por la imaginación lo deseo yo con creces...
Se acerca y me rodea la cintura suavemente con las manos. Sus labios muy cerca de los míos, sólo se escucha la respiración agitada de ambos. Me hipnotiza con su mirada y con la seguridad que me transmite, abro sutilmente la boca y acaricio su nariz con la mía... él suspira y me atrae contra su cuerpo, dispuesto a besarme, pero retrocedo... sonríe, "Qué traviesa eres", y avanza hacia mí... deslizo mi lengua por sus labios y me vuelvo a retirar, hasta que mi cuerpo choca contra unas de las columnas del aparcamiento.
–Ahora ya no tienes escapatoria, voy a follarte hasta que pierdas el sentido.
Me toma las manos y me hace levantar las muñecas. Las agarra fuerte mientras recorre con su lengua el lóbulo de mi oreja, mi cuello y mis pechos, rebosantes a través del corsé. No puedo moverme, es muy fuerte y me tiene inmovilizada, sólo rendirme al placer que me recorre de arriba abajo y pedirle más.
–Si ansías más vas a tener que suplicar.
Me oprime aún más las muñecas... sollozo, me hace daño... forcejeamos entre besos y gemidos, intento liberarme... le muerdo el labio inferior y le miro con gesto obsceno. Las ganas por tenerle dentro me obligan a rogar y a susurrarle todas las guarrerías que quiere escuchar, y lo hago encantada.
Cuando me libera tengo las muñecas doloridas, pero no me da ninguna tregua. Separa mis piernas e introduce sus dedos dentro de mí, que se deslizan uno a uno sin ningún problema hasta lo más hondo... los lamo, los chupo, disfruto de ellos como si fueran su sexo, al tiempo que levanto mi pierna izquierda y le rodeo con ella.
Él me agarra fuerte del culo y me clava su verga empalmada a través del pantalón. Perfectamente acoplados, recreamos el acto sexual... subo y bajo, exprimiendo su erección, restregando toda mi humedad, hasta que entre jadeos me pide que pare y me conduce a su piso...
Entramos sin dejar de sobarnos y cierra la puerta con llave. La sensación de peligro, de estar con un completo desconocido en su casa, me hace vibrar. Nadie sabe que estoy allí, puede hacer conmigo lo que quiera, estoy totalmente a su merced.
–¿Te apetece que juguemos? –me sirve una copa, sin preguntarme qué bebo.
–Me encanta jugar, ya lo sabes –contesto muy pícara.
–A mí también, y me encantas tú.
Coge una corbata de seda y me lleva al centro de la habitación. Me venda los ojos y me pide que le espere. Desaparece, tal vez durante unos segundos, pero a mí se me hacen eternos. Cuando regresa le siento detrás de mí... está desnudo, me clava su miembro en el culo y me susurra:
–El juego consiste en que adivines qué tienes dentro de tu precioso sexo. Si lo adivinas tendrás un premio que te garantizo no podrás olvidar, pero si no lo adivinas, te castigaré.
Me tumba en la cama. Me acaricia suavemente la cara, el cuello… sus manos están calientes, no puedo ver, sólo rendirme a sus caricias, a su olor y a sus palabras, y me encanta esa sensación. Empieza a desnudarme muy despacio, besando cada centímetro de mi piel. Intento dominarle y tumbarle, pero se resiste, imponiéndose con fuerza, y decido dejarle hacer.
De pronto, siento algo frío y muy duro subiendo por mis piernas hasta introducirse entre ellas muy lentamente. Me folla con "eso" unos minutos... lo trae hacia mi nariz, huele a mí... me pide que lo chupe y lo hago obediente... Mientras lo lamo me doy cuenta de lo que es y sonrío. Vuelve a llenarme con otro objeto más grueso, pero igual de frío... lo deja dentro de mí y empieza a moverlo en círculos, mientras su lengua se rinde experta a mi clítoris.
Lo hace muy bien, creo morir de placer... me dejo llevar, acaricio mis pechos, los aprieto fuerte, y no dejo de gemir... de repente, sin previo aviso, se detiene.
–¿El juego ha terminado? –pregunto nerviosa, presa de la excitación.
Me hace callar metiendo su dedo dentro de mi boca. Un cubito de hielo recorre entonces mis mejillas, mis labios... lo lamo, lo mete en mi boca y lo compartimos en un beso ardiente... nuestras lenguas juegan con él y entre ellas hasta que se derrite. Inmediatamente después, mis pezones se erizan cuando otro cubito se pasea libre por mi cuerpo para terminar de fundirse dentro de mí...
–Sólo diviértete –me susurra.
Me quita la corbata. Enfrente de mí, mi regalo: perfecto, grande –muy por encima de la media–, y muy grueso. Se arrodilla ante mí y me quita las sandalias de tacón... besa mis pies desnudos, deslizando su lengua entre mis deditos, y no puedo callar un suspiro.

Tampoco puedo evitar coger su miembro y meterlo como puedo en mi boquita... tiene la mirada perdida mientras succiono... grita mi nombre, está muy excitado, pero todavía quiero más... me levanto y me pongo a horcajadas sobre él... le follo hasta llegar al clímax, le follo pensando sólo en mí y en mi propio placer.
Me da igual si él llega al orgasmo o no y, por primera vez esa noche, me siento poderosa... es algo difícil de explicar... creo que perdí la noción de todo lo que me rodeaba… hasta que obtuve mi premio. Para mi sorpresa, me da la vuelta y me pone a cuatro patas sobre la cama, llenándome desde atrás... Acabo de nuevo lamiendo su sexo, arrodillada frente a él...
–¿Volveré a verte, Natalie? –me acaricia con suavidad la mejilla.
–Eso nunca se sabe... Por cierto, ahora no se te ocurra empezar a buscar desesperadamente más jovencitas... no es cuestión de edad.
–¡Jajaja! ¡Eres jodidamente lista y encantadora!
Nos besamos y me alejo bajo su atenta mirada en dirección a mi coche.
–¡Natalie!
–Dime.
–¿Puedo llamarte?
–Claro, tienes mi número.
–Una cosa más... ¿sólo he sido un capricho para ti, verdad?
La respuesta se queda en el aire. Me doy la vuelta y sigo caminando... sonrío. Arranco el coche, le lanzo un beso y conduzco en dirección a mi casa.
Él todavía se queda unos minutos más allí.

Foto: Cortesía & © by Massimiliano Uccelletti

 
Publicado por Natalie a las 05:00

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