Colección Voyeur

Viernes 18 de Julio de 2008
Barreras absurdas... como yo

Hay un tipo que me gusta.
Lo curioso es que me gusta sólo para mirar.
Y no me refiero a que el tipo sea un adonis.
Sé que tengo barreras sociales, psicológicas y totalmente estúpidas, que impiden que a mí ese tipo en cuestión me pueda gustar más allá del mero gesto de mirarle con cierto interés.
Me explico, que sé que así a bote pronto la historia puede parecer incomprensible.
El tipo es un camarero. El camarero del bar de los domingos.

Me sirve café y me atiende primorosamente desde hace más de dos años.
Es amable. Me saluda con una sonrisa. Y yo le correspondo. Creo que hacemos lo mismo que hace cualquier persona cuando se relaciona con el camarero del bar de los domingos.
Pero me gusta.
Nunca he hablado con él de nada que no forme parte de la clásica conversación cliente-camarero simpático.
A veces me pregunta cómo me va el trabajo. Otras me invita a una cañita gratis o le regala a la niña unas patatas. Pero me gusta.
Pero las barreras me parecen imposibles de traspasar. Es marroquí.
El camarero marroquí del bar de los domingos. Ese bar esta lleno de camareros marroquíes. Mi madre les arregla los papeles a todos. Y por eso ellos son amables conmigo, con mi madre o con mi hija.
Tiene un nombre imposible, de esos que delatan su origen, de no ser porque sus ojos negros y sus labios perfectos, su sonrisa blanca y su tez oscura lo delatan mucho antes.
Y luego se confirma cuando te habla, amablemente, claro, mientras te sirve el café y te dice “Está bien así, si tú quiere yo sirvo más caliente”. A veces pienso que se va a abrir la chaqueta negra y enseñarme veinte relojes a precio de saldo.
Pero coño, es que me gusta.
Así que no pierdo la oportunidad de ir a tomar mi café allí para poder intercambiar alguna palabra con él.
Y hoy me tomo el café a toda pastilla, presa de las prisas, pago y le pido que me ponga la máquina de tabaco y me dice “¿Ya tu vas?” Y yo contesto: “Sí, que hoy tengo prisa” y me dice “Pues toma tú”.
¿Toma qué? Toma que me da una nota en la mano. Y me dice: “Aquí te dejo mi móvil. Tú me llamas. Yo quiero que tú me llamas”
Con los ojos oscuros brillando y la sonrisa perfecta. Está buenísimo el muy cabrón.
Y me quedo toda tonta, con la notita y su teléfono en la mano, tanto que me voy olvidándome el tabaco en la máquina y sale corriendo tras de mí, con total seguridad y me dice “No te pongas nerviosa, que te dejas el tabaco. Pero llámame.”
Me he quedado a cuadros.
Creo que tengo que empezar a saltar barreras. Seguro que alguno de vosotros me recuerda qué prejuzgar a un chico amable, guapo, curioso, interesante, seguro de sí mismo, valiente, sólo porque es camarero y marroquí, es una solemne estupidez.
Pero recordádmelo. Porque a mí me cuesta decírmelo a mí misma. ¿Le llamo?

Foto: Cortesía & © by Katrin

 
Publicado por Amanda a las 05:00

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