Martes por la noche.
Después de una cena ligera me tumbo sobre la cama y enciendo el ordenador portátil. Con música sensual y relajante como única compañía me dispongo a ultimar los detalles de una reunión importante que tengo al día siguiente. Resignada, calculo que aún me quedan un par de horas de trabajo. Suena el móvil, es un mensaje de Carlos.
"Natalie, mañana me ha surgido una cena con los médicos del hospital a la que no puedo faltar, ¿podríamos vernos por la tarde? Sé buena y di que sí. Te deseo, preciosa".
Repaso mentalmente mis compromisos laborales de la semana. Mierda, joder, no puede ser. A ver cómo lo hacemos porque yo no me quedo sin jugar con él.
Desde hace un mes Carlos y yo hemos dejado de trabajar en la misma zona, ahora yo lo hago en la otra punta de la ciudad, con lo que las oportunidades para quedar entre semana se han reducido notablemente. Para ambos es un auténtico placer vernos hacer malabares para complacernos... ¿puede haber algo más excitante?.
Echo de menos sus invitaciones para desayunar juntos y nuestros encuentros fugaces durante el día, en los que sobraban los besos, el apetito sexual y el morbo. Añoro el salir de la oficina y reunirme con él en su casa, las palabras con las que me agasajaba al llegar, sus obscenidades en mi oído, sus manos expertas desnudándome violentamente y el follar por follar una y otra vez. Después de la tensión y el estrés diarios de mi trabajo lo necesito.
Se me ocurre una pequeña e inocente maldad para alterarle. Le respondo con el siguiente mensaje: "¿Ahora se llama cena con médicos? No me gustan nada tus excusas, Carlos".
Tarda diez segundos en llamarme. Lo primero que escucho es su seductora e irónica risa. Sonrío. No ha "colado".
?Sabes que no es una excusa, princesa. Tengo las mismas ganas de estar juntos que tú... o incluso más. ¿Vas a comparar una aburrida cena con médicos a una intensa noche de sexo contigo?.
?Lo sé, pero me había hecho ilusiones... Me vas a dejar con las ganas, y estoy en una edad muy mala ?le respondo mimosa.
?No me hables con esa vocecita, que me altero. Si puedes nos vemos por la tarde, yo estoy libre hasta las ocho.
?Imposible, mañana tengo comida de trabajo y después asisto a un evento en el centro.
?¿Y si me presento mañana en el restaurante y nos lo montamos en los aseos?

?No me tientes, Carlos. Me retiraría un momento al tocador y... ?dejo volar mi imaginación?, por cierto está usted aprendiendo muy deprisa, caballero.
?Tengo la mejor maestra y si consiguen despertar mi interés puedo llegar a ser el alumno más aventajado. Nos vemos el jueves, no se hable más.
?Carlos, el concierto... ya te lo dije...
?¡Joder! ¿A qué hora es?
?A las nueve y media.
?Vale, pues te espero por la tarde en mi casa, yo pongo el vino y tú el cuerpo. Después te vas desde aquí.
?Lo intentaré, pero no te prometo nada, ya sabes que sé la hora a la que empiezo a trabajar, pero nunca a la que termino.
?Mi niña, trabajas demasiado.
?Lo sé, menos mal que te tengo a ti para desconectar y relajarme. Tú te vas de vacaciones el viernes por la tarde, ¿verdad?
?Sí, toda la semana, así que ya no nos veríamos hasta la siguiente.
?La siguiente me voy la semana entera fuera por trabajo.
?¡Coño! ¿Y cuándo te vas de vacaciones?
?El sábado por la mañana. Regreso el miércoles, pero tú no lo haces hasta el domingo.
?¿No podemos vernos ahora?
?Todavía me queda trabajo por hacer esta noche. Si la reunión no fuera mañana a primera hora no lo dudaba, incluso me tomaba la libertad de quedarme a dormir en tu casa.
?Vale, pues si finalmente no puedes venir mañana por la tarde, retraso mi viaje al sábado y pasamos la tarde y la noche del viernes juntos.
?Eres un encanto.
?Lo sé. Lo hago porque me vuelve loco cómo follas, no vayas a pensar que estoy enamorado y cursiladas de esas...
?¡Jajaja! Y un capullo arrogante también. Menos mal que sé que lo dices con cariño...
?No podría estar tanto tiempo sin verte, Natalie. Te echaría demasiado de menos, lo sabes. ¿Se puede saber qué has hecho conmigo?
?Algún día te contaré el truquito. Te llamo mañana, estoy deseando besarte y...
?Yo también. Imagino tu preciosa boca en mi...
?¿Si? Cuéntame todos los detalles lascivos, yo te ayudo...
Mi trabajo me reconforta y me llena, pero ni mucho menos de la manera que lo hace él. Si tengo que hacer encaje de bolillos con mi agenda, recorrer mi ciudad de punta a punta y dormir poco (o nada) lo haré. Evidentemente, no es sólo porque el sexo sea fabuloso, que lo es... simplemente, me gusta.
Después de colgar el teléfono abro la carpeta del portátil donde guardo algunas fotografías suyas. Suspiro. Definitivamente, sí, me tiene loquita.
Foto: Cortesía & © by Arlinda Mestre