Viernes por la noche, salimos a cenar. He reservado mesa en uno de los mejores restaurantes japoneses de mi ciudad, comida que a ambos nos encanta. La comida japonesa no sólo es deliciosa, también destaca por su elegancia, refinamiento, armonía, belleza y sencillez, siendo la presentación de los platos tan importante como su sabor.
Es un restaurante con mucho estilo y un ambiente selecto. La decoración exhibe toques asiáticos y una tendencia minimalista y la luz cálida de color ámbar hace que el ambiente sea tanto chic como acogedor.
Disfrutamos de la exquisita comida ?el arroz está preparado perfectamente y el pescado está tan fresco que se deshace en la boca?, nos deleitamos con el vino blanco ?Palacios de Menade, un Sauvignon Blanc excelente con sabor a frutas?, y con la selección de postres: helado de jazmín, sushi de chocolate y moca y trufas de té verde.
Durante la cena me deleito observándole, descifrándole. Sus perfectas y distinguidas maneras contrastan con lo salvaje que es en la intimidad. Me vuelve loca.
Galante, sumamente atractivo y seductor, mujeriego, todo un conquistador. Acostumbrado a que las mujeres caigan rendidas a sus encantos e incondicional de las relaciones sin compromiso, sus intenciones la noche que nos conocimos se limitaban a seducirme, conquistarme y utilizarme, pero hay veces que el cazador es cazado, y no al revés.
Conozco a los hombres como él y sé jugar mis cartas. Me subestimaba por mi aspecto dulce, por mi edad. Pero obvió que la otra parte también puede ser una apasionada del juego y de la seducción. En estos casos resulta deseable ser muy paciente, jugar con el misterio, la dulzura, la seguridad en una misma y el lenguaje no verbal...
Después de la cena vamos a un local de moda cercano, muy famoso por sus deliciosos combinados.
Me decanto por el Manhattan, uno de mis predilectos: Bourbon (en lo posible Jack Daniel´s), Martini Rosso y Bitter Angostura. Se sirve en una copa de Cocktail y se decora con una guinda roja y piel de naranja. Dicen que la primera vez, lo prepararon a pedido para la madre de Winston Churchill. No sé cómo sería Lady Churchill, ni qué efecto le produciría.
A mí, me pone.
He quedado con dos amigas y converso y bailo con ellas en el centro de la pista. Mientras, Carlos me observa desde una distancia prudencial, apoyado en la barra. Le gusta examinarme cuando no estoy con él: analizar la forma en la que me relaciono, cómo me muevo, mis gestos, las miradas, las sonrisas. Siento cómo me desnuda con sus preciosos ojos claros. Me siento sexy, deseada...
A su lado, dos hombres también tienen la mirada clavada en mi dirección. Dialogan entre ellos y Carlos se une discretamente a la conversación como si no me conociera: "¿Estáis hablando de la chica rubia de la pista, verdad? Está tremenda".
Una mirada de Carlos me es suficiente para saber lo que se está cociendo.

Me acerco seductora a la barra y pido otro Manhattan.
Uno de los hombres se presenta, me presenta a su amigo... y a Carlos.
Disimulo, le sonrío con picardía, nos damos dos besos, le rozo ligeramente la boca con mis labios. "Encantada". Conversamos los cuatro, la situación promete, comienzo a bailar con ellos, Carlos me coje de la cintura y me aprieta contra su cuerpo, alejándome de los dos hombres, "Me estás poniendo a mil". Le rozo con mis nalgas, le caliento, noto su erección. Bebo de mi combinado y le beso. Él suspira y bebe de mis labios, juega con mi lengua. Da un sorbo a su copa y me da a probar el alcohol directamente de su boca, en dosis muy pequeñas... quiero más...
?Bueno, "desconocida", ¿qué te parece si nos vamos a un lugar más íntimo y continuamos con el juego?
?Todavía no quiero irme... lo estoy pasando muy bien..
?Nos van a echar del local por escándalo público...
?No veo dónde está el problema ?le cojo las manos y las coloco en mi trasero al ritmo de la música.
?Morbosa y preciosa... Por cierto, ¿has salido con otro hombre mientras he estado fuera?
?Carlos, ¿y si ésta fuera la última noche? No pienses, sólo disfruta...
?Eres perversa y encantadora. Me volverás loco.
Suena la nueva versión de la canción ?Morena Mía?, de Miguel Bosé y Julieta Venegas, mucho más sensual que la anterior, si cabe. Se la canto mirándole a los ojos. La disfruto.
Morena mía, voy a contarte hasta diez,
uno es el sol que te alumbra, dos tus piernas que mandan,
somos tres en tu cama... tres.
Morena mía, el cuarto viene después,
cinco tus continentes,
seis las medias faenas de mis medios calientes...
Sigo contando ahorita...
Bien, bien, bien, bien, bien...
Morena mía, siete son los pecados cometidos,
suman ocho conmigo, nueve los que te cobro,
más de diez he sentido.
Y por mi parte sobra darte,
lo que me das... dámelo, dámelo bien...
un poco aquí... y un poco a quién.
Cuando tu boca me toca, me pone y me provoca...
me muerde y me destroza, toda siempre es poca...
Y muévete bien, que nadie como tú me sabe hacer café.
Morena gata, ay me mata, me mata y me remata,
vamos al infierno, aunque no sea eterno, suave... bien, bien...
que nadie como tú me sabe hacer café.
Pero cuando tu boca me toca, me pone y me provoca...
me muerde y me destroza, toda siempre es poca...
y muévete... bien, bien, bien...
que nadie como tú me sabe hacer... uh...café.
Bien, bien, bien, bien...
Bien, bien, bien, bien...
Morena mía, si esto no es felicidad
que baje Dios y lo vea y aunque no se lo crea... esto es gloria.
Cuando tu boca me toca, me pone y me provoca...
me muerde y me destroza, toda siempre es poca...
Y muévete bien, que nadie como tú me sabe hacer café....
La sexualidad de la canción, los Manhattan, el roce de su miembro, sus besos, sus caricias, su mirada lasciva... le susurro al oído: "Vámonos ya... me muero por follarte... por cierto, no me voy a conformar con un polvo... ni con dos".
Me fascina cuando cumplen todos mis deseos.
Foto: Cortesía & © by Albahaca y Sal