... y el silencio...
Ella sintió la caída lenta de la saliva golpeando su pezón, se empapo mientras él sentía llenarse su boca de la fruta prohibida.
Vampiros de éxtasis consumían sus cuerpos a cada intervalo.
Y su dura
delicia que se abrió paso entre los mulos de ella, derramando con gusto el
preludio del todo.
Los susurros exigían fornicar hasta el fin de sus
días.
Abrasaron sus sentidos y se fueron fundiendo, olvidando al diluirse uno
dentro del otro las espinas del tiempo.
Escribieron versos atropellados, en
sus pieles, vivieron a golpe de avidez el principio y el final de un
instante.
Ahora duermen?
Silencio.
El sol dibuja la belleza del día
sobre su piel desnuda.