Colección Voyeur

Lunes 18 de Agosto de 2008
Samurai

Porque algunas son agradables,
aunque tampoco puedas dormir?

¿Cómo tuve el valor ?o tal vez la inconciencia? de contarle a Max toda la historia con Samurai? Todavía ahora me parece increíble que lo haya hecho y no encuentro otra explicación que la inmensa confianza que ha nacido entre nosotros desde que empezamos a trabajar juntos en el centro de especialidades veterinarias. El ambiente distendido se presta a las confidencias; pero, pensándolo bien, con toda seguridad él imagina que estoy loca de remate o que soy una pervertida sexual. Aunque tal vez no sea así, porque me ha invitado a salir y justo me estoy preparando para hacerlo. Y, a decir verdad, no me importa si cree eso de mí.
No puedo evitar pensar en Samurai. Seguramente está echado a la sombra de su árbol preferido, porque es un día caluroso y, como todos los perros de gran tamaño, mi adorado akita no soporta bien el calor. Pienso en su hermoso pelaje blanco, con una que otra mancha color rojiza, y las dos capas de pelo tan bien diferenciadas: la exterior áspera y lisa, la interior suave y densa; en su hocico largo, sin llegar a ser puntiagudo, siempre húmedo y fresco; en su cuerpo de constitución fuerte, musculoso y elástico; en sus patas delanteras colocadas sobre mi espalda? ¡Basta! No puedo seguir pensando en él, ya que inevitablemente me excitaré.

Termino de vestirme y salgo de casa. Samurai se levanta y viene a mi encuentro, saludándome con su buen humor habitual. Pido muy dentro de mí que ojalá no note mi agitación de hace unos momentos. Para evitar que olisquee mi sexo, me agacho a rascarle la cabeza y el lomo. Él menea su cola, contento de recibir mis caricias. Le recomiendo que cuide la casa, diciéndole que en un par de horas estaré de regreso.
La cena con Max resulta muy amena. La comida es exquisita, bebemos vino y hablamos de todo un poco, como siempre lo hacemos en el trabajo. Decidimos dar un paseo, porque ha refrescado y a ambos nos apetece caminar por la orilla del mar. Como me siento tan bien en su compañía, cuando llegamos a mi casa lo invito a entrar y beberse un trago, para seguir conversando. Samurai nos recibe y, como no es la primera vez que ve a Max, lo saluda con dos sonoros ladridos. Max le responde, acariciándolo en la cabeza.
Pasamos a la sala y le digo que se acomode en el sofá o en cualquiera de las butacas. Le pregunto qué quiere tomar y le recito la amplia gama de posibilidades. Se sorprende, pero le explico que es costumbre familiar tener un bar bien provisto. Ambos nos decidimos por el whisky. Sirvo los dos vasos y me siento en el sofá, al otro extremo de donde se encuentra él, con Samurai echado cómodamente a sus pies.
Es inútil precisar adónde va a parar nuestra conversación. Me siento un poco agitada, con repentinos ataques de pudor que me incomodan; pero me complace que Max esté en mi casa. Me pregunta sobre Samurai y, viéndolo directamente a los ojos, le cuento todo: el interés que me causó aquella película porno con escenas de zoofilia, mis primeros tímidos intentos por acercarme a Samurai, la excitación del perro al sentir la mía, la osadía de atreverme a seguir adelante, el enorme deleite de hacer algo tan transgresor como tener relaciones sexuales con un animal.
El cúmulo de emociones me hace perder la noción de cuanto alcohol estoy consumiendo y rápidamente mi vaso queda vacío. Max se levanta a servirme otro trago, aprovechando para pedirme que continúe. Me pide que le cuente el ?después?. Sigo hablando y bebiendo, narrando con lujo de detalles mi secreto. Le cuento que después de la primera vez Samurai parece haber entendido su nuevo rol y que, sobre todo, asocia el placer de la cópula a mi desnudez. Le explico que quizás sea mi olor, tal vez sea la situación; pero ya no puedo permitirme el lujo de andar desnuda por casa con poca ropa porque el perro inmediatamente se me acerca, manifestando sus intenciones de montarme.
Le cuento que una semana después del primer encuentro, ocurrió el segundo. Los remordimientos tardaron siete días en desaparecer. Me había sentido un monstruo perverso, una mujer que no podía ni sabía reprimir sus deseos y se aprovechaba de un animal, que para colmo era su mascota. Agrego que con el transcurso de los días, la culpa cedió paso, una vez más, al deseo. Estaba sin pareja y hasta entonces había satisfecho mis ganas por cuenta propia.
Pero ahora, con Samurai a mi alcance y disposición, la tentación era irresistible y no podía evitar que sucediera de nuevo. Me explayo diciéndole que esta segunda ocasión fue incluso más placentera que la primera, porque lo había disfrutado de principio a fin.
Mientras hablo, Max me observa atentamente, recorriendo cada parte de mi cuerpo; deteniéndose en el escote pronunciado de mi blusa y sobre la parte de mis piernas que la falda deja al descubierto; mejor dicho, clavando su mirada en las porciones cada vez más extensas de mi entrepierna que yo, maliciosamente, le muestro. Es extraño, pero a pesar de haber pasado juntos tanto tiempo en el centro veterinario, esta noche flota en el ambiente algo extraño. Se trata de él, de Max. Tiene un no sé qué que me turba, hace chocar en mí dos sentimientos encontrados. Por una parte, siento un poco de vergüenza y, por la otra, deseo provocarlo.
Prevalece el segundo; por lo que me deslizo en el sofá, dejando que mi falda se suba y mostrándole mis panties. De pronto Samurai se levanta y hace ademán de olerme. Como tengo tantos deseos de seducir a Max, olvidé por completo que desnudarme significaba también estimular a Samurai. El embarazo me embarga, pero Max despeja la pesadez del ambiente sonriendo y diciendo: ?Déjalo. No está haciendo nada malo. Ustedes se quieren y a mí no me incomoda?.
Sus palabras aceleran mi corazón, entonces entiendo que la lujuria es más fuerte que mi pudor y me rindo a ella.
Max se acerca y comienza a besarme el cuello, subiendo lentamente con su lengua hacia los lóbulos de mis orejas. Con voz baja y provocativa me susurra: ?Quítate las panties?. Obedecí, presa de una creciente excitación. Samurai inmediatamente se vuelve más osado, al punto que empieza a lamer mi sexo. Termino de acostarme en el sofá, extendiendo y abriendo las piernas por completo. Max ya toca y besa mis senos, mientras yo me pierdo en un mare magnum de sensaciones.
Deseo que Max sea más osado con sus caricias, se aventure más allá, pero no me puedo negar a mí misma las ganas de que Samurai continúe. Percibo cómo va aumentando la excitación de los tres. Veo el bulto que crece bajo los pantalones de Max y siento deseos de tocarlo. Alargo la mano con decisión, aunque sin impedir que él siga dedicándose a mis pezones, totalmente erizados bajo el ataque de su lengua y sus dientes. Desabotono los pantalones y libero su falo de aquella prisión de tela, sintiéndolo palpitar sobre la palma de mi mano.
Me incorporo y lo meto suavemente en mi boca. Max tiene un pene bien formado; no es extraordinariamente grande ni grueso, pero tiene una dureza particular que hace resaltar hasta el más mínimo detalle. Lo engullo por completo y de esta manera fuerzo el contacto con mi lengua ardiente, debido al whisky bebido. Max no puede contener un gemido de placer, haciéndome entender cuánto está disfrutando.
Estoy ligeramente ebria y sé que soy capaz de cualquier cosa por regalarle infinitos placeres. El alcohol que he consumido me relaja los músculos de la garganta, así que puedo meter su pene hasta las profundidades de mi boca con increíble habilidad. Lo acojo golosamente entre el paladar y la lengua, envolviéndolo y rozando sus testículos con mis labios. Es evidente que está disfrutando y aumento el ritmo de mis movimientos, sin perder el agradable contacto entre cada centímetro de su pene y mi boca.
Sin embargo, ahora se aparta un poco y me coloca de rodillas frente a él. Lo dejo hacer, pensando que en esta posición puedo dedicarme mejor a mamarlo; pero de inmediato entiendo lo que está por suceder. Arrodillada así me estoy ofreciendo deliberadamente a Samurai que, de hecho, no tarda en colocarse detrás de mí.
No sé qué hacer. La razón me advierte que estoy yendo más allá de cualquier límite permitido y me dice que pare, pero mis sentidos me piden a gritos que continúe. Apenas estoy digiriendo el estupor de tener relaciones con un perro y no siento que aún esté preparada para hacer el amor con dos al mismo tiempo, ¡mucho menos si uno de ellos es un perro! ¡Mi perro!
La cabeza me da vueltas. Sigo mamando el pene de Max de una manera casi automática, dándole largas al asunto de continuar o parar. Contraigo los músculos de las piernas en un intento por ponerme de pie y justo en ese momento la lengua de Samurai se despliega lánguidamente sobre los labios húmedos de mi vulva. Un fuerte sacudón me recorre de pies a cabeza y siento una excitación tan grande que está más allá de cualquier comprensión. Se apodera de mí un deseo incontrolable, lujuria pura, instintito animal. Soy incapaz de razonar. Deseo una sola cosa: gozar, gozar como nunca antes, gozar sin pensar en nada más.
Como si presintiera mi cambio de actitud, Samurai coloca sus patas sobre mi espalda y en un segundo siento el contacto de su sexo con el mío, entrando con absoluta facilidad ya que estoy hecha un mar de humores. Noto que su pene entra hasta el fondo de mi vientre. La sensación me enloquece y estoy gozando como una perra en celo.
Vuelvo a tomar el pene de Max entre mis manos y continúo con lo que estaba haciendo. Él está tan excitado con la escena que se desarrolla ante sus ojos que tiene una erección formidable, al punto que su sexo parece esculpido en mármol. Aumento la velocidad de los cortos movimientos de penetración en mi boca, estimulando su glande con la lengua.
Me estremezco con las embestidas de Samurai e intuyo que estoy a punto de acabar. Como ya lo conozco bien, sé que él también está a punto de llenarme con su abundante semen. La rapidez con la cual mamo rítmicamente el pene de Max me hace sentir como si miles de microscópicas descargas eléctricas me recorriesen. Vibro sin parar. Estoy segura de que Max también está enloqueciendo de placer y la creciente sonoridad de sus gemidos me lo confirma.
Percibo la inminente llegada del orgasmo, las sacudidas del pene de Max y cómo cobran nueva fuerza los embates de Samurai. Estamos por acabar juntos y me invade una enorme felicidad. Aguanto la respiración, me quedo quieta y saboreo el bombardeo orgiástico que toma por asalto mis sentidos. El chorro caliente de la esperma de Max va llenando mi garganta, impidiéndome respirar por un instante, y de mi vagina fluyen el semen de Samurai y  mi líquido.

Foto: Cortesía & © by Illia Usov

 
Publicado por Anamar a las 05:00

Respuestas
18 Agosto 2008 - 10:50
Enviar un emailAngel
Mi querida y extrañable amiguis: Luego de tu regreso vuelves con éste prometedor Samurai.... Tu post me llevó a recordar la ilustración de Katsushika Hokusai (1760-1849) titulada "El sueño de la mujer del pescador". Considero a ésta una de las imágenes más perturbadoras que haya visto... Reflexionando en cuanto al tema me detuve en dos aspectos: por un lado, la fantasía sexual y por el otro, las diferencias genéricas en lo erógeno.. En principio, la fantasía moviliza sobre todo cuando confronta un tabú, una barrera muchas veces difícil de traspasar que incluso el sujeto de la fantasía no está seguro de desear que se realice. En parte, el esse fantasiae está en su ser-posible... la fantasía zoofílica, ¿qué representa? Además de ser un tabú satirizado hasta la carcajada fatal por Woody Allen hipotetizo que representa una recuperación de lo primitivo que permanece en nosotros. Es decir, un deseo de volver nosotros mismos a la animalidad (aclaración, el "nosotros" es meramente retórico) analizando la imagen del gran Hokusai pensé en la segunda cuestión. Una fantasía como la del caballo es demasiado fálica, en cambio la fantasía (inimaginada para mí hasta ver ese cuadro) es una fantasía genuinamente femenina. Que sea un pulpo y no un pez espada o un delfín me hace pensar en que hay cierta posibilidad de que fuese realmente el sueño de la mujer de un pescador y no el fruto de la imaginación del artista japonés. Dado que en cuestiones de geografía corporal el hombre tiende a ser unitario y la mujer federal;=) Por último me planteé un cuestionamiento moral. Teniendo en cuenta que es probable que tenga un lector de 13 años...que lea mi respuesta. Así que si Ud., estimado lector, es demasiado pequeño y va a bucear...buscando respuestas Vale aclarar: 1. A los adultos les gusta complicarse la vida;=) 2. El sexo es algo natural y sano;=) 3. Imaginamos más de lo que en realidad hacemos;=) Hechas estas aclaraciones me retiro en paz.))))))))) Un beso mi querible amiguis y no se reprima en nada usted Puede;=) Te quiero Angel&Euge.
18 Agosto 2008 - 10:57
Enviar un emailAngel
Anamar:Me quedé pensando... Nunca he tenido intereses zoofílicos en individuos que no fueran de la subespecie homo sapiens sapiens. Nos cuestionámos si también se consideran zoofilia si los objetos de deseo son centauros, sirenas y afines??? jajajjajajaj También, si sería posible combinar prefijos que comúnmente se anteponen a "filia" como necrozoofilia, necropedofilia, etc. No sé cómo saldrá formateado lo siguiente... antepasadoR(X, X). antepasadoR(X, Y) :- padre(X, Z), antepasadoR(Z, Y). parientes(X, Y) :- antepasadoR(Z, X), antepasadoR(Z, Y), X \= Y. narcisista(X) :- ama(X, X). fetichista(X) :- ama(X, Y), not(animal(Y)). zoofilico(X) :- ama(X, Y), animal(Y), not(humano(Y)). incestuoso(X) :- ama(X, Y), parientes(X, Y). Bueno te dejo que hoy tengo un humor de perros!!!jajjajajajjaja mejor dicho de Samurai jajjajajja Te recuerdo que te quiero. Angel&Euge
18 Agosto 2008 - 11:45
Enviar un emailBetina
LA NENA NO DEJA DE S-O-R-P-R-E-N-D-E-R-M-E-!!!!!!!!! Con sus comentarios y sus post. Simón cómo la cambiaste que lo p-a-r-i-o- MAESTRO...Resta que le saques la Guarradas...jajjajajjaa NO ESO LA HACE DISTINTA!!!CASI UNA LOKIS DE ATAR!!!!JAJJAJAJ Anamar: Querida amiga te cuento que me puse a pensar y me voy a compar un "Samurai", un Rroooope mejor aclaro un P-E-R-R-O Está lleno de ventajas no hay que lavarle la ropa, no hay que plancharle camisas, no hay que lavar calzones, ni medias, no aguantas mufas, malas respuestas, no controla, no manda SMS, no te llama por teleféfono en el momento que le estás poniendo las guampas!!!jajjajaj Y por sobre todas las cosas...........siiiiiiiii Es un FIEL AMIGO. Para que un hombre ??? es perfectamente remplazable con un perro...jajajjajaja Come galletitas...no le interesa si la comida tiene sal o no!!! no sufre de enfermedades y cuando se muere vas y te comprás otro.. jajjajajajaajaj Cheeee no se ofendan los hombres es un chiSte...jajjajjaaja pero no es mala IDEA!!! jajjajajajajaj Es verdad que está la fantasía masculina de ver a la mujer con el animal??? Las fantasías no son transferibles de un individuo a otro!!!jajajajaja Tranquila igual no lo voy a intentar...bah.. no sé? es un asquito... jajjaajjaa Un beso querida amiga y siga disfrutando cómo dice Robert de lo que HAY. Y compartiendo su propia experiencia. Beti.
22 Agosto 2008 - 12:53
La Banda
Anamar...Amiga Margarita el silencio vale más que 1000 palabras. juasssss La Banda
22 Agosto 2008 - 14:14
Enviar un emailVero
Anamar: Me sumo al silencio de La Banda(no quiero que Samurai se despierte jajaja).Muy buenas vibras y un excelente Fin de semana!!!!.Vero
25 Agosto 2008 - 14:30
Enviar un emailAnamar
Mi querida amiga Ángel, no conocía esa obra de Hokusai y te agradezco infinitamente que me hayas hablado de ella. ¡Es extraordinaria! De haberla visto antes, mi relato hablaría de un pulpo o de uno de esos calamares gigantes que han encontrado últimamente. Muchas gracias por la información, por la lectura, por tus comentarios y por tu amistad a prueba de distancia y tiempo. Betina, de Ángel sólo cabe esperar lo inesperado y prepararse para las sorpresas. La Banda y Vero, tienen razón, hagamos silencio para no despetar a Samurai, que duerme tranquilito en su esquina del jardín. Muchas gracias a tod@s por la lectura y los comentarios. Besos.
18 Febrero 2009 - 15:14
Ángel
Mi querida Amiguis Anamar: Se te extraña mucho... ¿Cuando vas a regresar con tu erotismo, con tus escritos sobre el cuerpo? Te estoy esperando. ¿Estarás recopilando material? ¿Seran las campañas que te mantienen tan alejada? Muchos besos que te recuerden que te quiero... Y QUE TE ESPERO AQUI!!!! Tu amiguiss que te extraña... Ángel

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces