Ella procuró no convertir en libertinaje suicida ese deseo de montarlo. Las manos le temblaban y el sudor de la frente caía gota a gota sin cesar de tomarlo.
Hervían los besos mientras todo se impregnaba de ese olor a sexo. Piel rasgada, desnudos colectivos para beber todo el deseo en ese cuerpo ajeno.

Droga con efectos sexuales, en su lengua lo halló, en sus dedos podía olerlo. Necesitaba ese chute entrando en vena mientras cabalgaba el desenfreno.
Se afanó a explorar rincones nuevos.
Noble veneno, palpitar convulso de ese miembro, salvajes envestidas o suaves movimientos lacerando el enigma entre los muslos prietos.
Emoción abrupta del placer.
Toxicómana de piel.
Nunca quiso rehabilitarse. La entiendo.
Foto: Cortesía Fotografía del Blog de la autora