Y por eso vuelvo a gatear cual animal en celo, a dejarme sin protestar, a emitir un suave gemido al notar el calor de tus palabras en mi oído.
Quizá lo hay, quizá existe y pronto me obligue a postrarme de nuevo.

Quizá lo hay, porque si no... No sentiría, escucharía, lamería, besaría, gritaría, gemiría, me revolvería sobre mis pechos desnudos contra el mármol frío invadiéndome con el calor que emite mi coño expectante, esperándole a Él.
Foto: Cortesía & © by Michael Avran