Mi prima Penélope es mi fan número uno. Lo suyo conmigo, es auténtica devoción.
A sus ojos todo lo que me rodea es perfecto, yo soy divina, la más guapa, la que mejor viste, la más elegante y todo lo que ella quiere ser cuando sea mayor. Es lógico, sólo tiene nueve años y soy su prima mayor.
Penélope es una preciosidad rubia de ojos verdes que sin duda volverá locos a los hombres dentro de algunos años. Inteligente, bastante madura para su edad, reservada y moderada a la hora de expresar sus sentimientos, muy caprichosa, sabe perfectamente cómo conseguir siempre lo que quiere.
Si a mí me adora, a D. ?mi pareja durante cuatro años, ahora ex?, le procesa un amor incondicional. D es un hombre fascinante, con una personalidad tan sumamente atrayente que consiguió ablandar el impenetrable corazoncito de mi prima desde el primer día sin problemas. Ella no podía evitar sonrojarse cuando paseábamos y él le daba la mano o un tierno beso en la mejilla, y su mejor regalo era recibir una inesperada llamada o una postal de él desde cualquier rincón del mundo.
"Prima, es tan guapo..."
"A mí los chicos de mi edad no me gustan, yo de mayor saldré con un hombre como él, igual que tú". Me suena esta frase... una joyita, mi prima...
Para ella ?y para el resto del mundo?, éramos la pareja perfecta y creo que jamás me perdonará haber cortado mi relación con él. Siempre recordaré cómo me clavó su mirada triste y llorosa el día que le dije que D. ya no vendría tan a menudo a su casa y que ya no iríamos los domingos los tres al cine o a merendar. Sé que no lo entendió, cómo podía hacerlo si ni siquiera para mí tenía una justificación coherente. Cómo explicarle que el mundo del amor no es de color de rosa y que los príncipes azules y las relaciones perfectas no existen... que a veces el amor no es suficiente...
Todavía conserva una fotografía de los tres, sonrientes y felices, en la mesilla de noche, junto a su cama. A ella también le resulta difícil deshacerse de algunos recuerdos.
El sábado por la tarde quedé con ella, tenía que hacer unas compras y a Penélope le encanta ver cómo me pruebo modelitos.

Pese a su corta edad le vuelve loca todo lo que tenga que ver con la moda. Eso sí, no le hables de Inditex y sus marcas, ella es una niña chic de ropa cara de firma.
Hacía mucho calor, así que entre tienda y tienda, con mi tarjeta de crédito temblando pero resistiendo airosa, nos sentamos en una terraza para refrescarnos.
Estábamos conversando de lo bien que le iba en el colegio. De repente, sin motivo aparente, deja de hablar, me mira fijamente, cruza su pierna izquierda sobre la derecha como una damita y, muy seria y digna, sin titubear, me lanza la siguiente pregunta:
"Prima, ¿cómo pudiste dejar a un hombre tan maravilloso?"
En ese momento me atraganto con el zumo de naranja recién exprimido que estoy sorbiendo. Sigo sin tener respuesta para esa pregunta.
"Dile que me llame algún día, por favor".
Cuando, después de casi un año, te siguen lloviendo comentarios como éste ?incluso en boca de una niña de nueve años?, es lógico que a una le sea imposible olvidar y se plantee ciertas cosas...
Foto: Cortesía & © by Martin Kovalik