“Eso de no tener dinero para afrontar una operación –que es lo mismo que decir «Morite si no tenés con qué pagar»–, me puso en contacto con la triste realidad que vivimos en la salud pública de nuestro país.
”¿Qué pasó con nuestra gran nación, que hasta no hace mucho tiempo atrás, era un modelo a imitar?
”¿Qué pasó con nuestros principios?
”Tan poco se valora la vida humana hoy, después del paso de tantos corruptos, que envilecieron nuestra forma de vida, que tenés que escuchar que alguien como yo, o como Betina, de guardapolvo blanco o de ambo de color, te diga: «Bueno, usted mejor que nadie lo sabe. Si no hay dinero para afrontar este tipo de operación, la empresa no puede hacer beneficencia...»
”Porque una clínica médica ahora no es más un centro asistencial de salud, sino una empresa.
”¿Qué pasó con el juramento hipocrático? ¿Quedó olvidado en el camino, como los valores?”
Todas esas preguntas se las hacía y me las hacía ayer Ángel, y creí que era suficiente razón como para escribir este post, aunque en apariencia, no tenga mucho que ver con el erotismo.
Porque si uno no tiene una prepaga de cierto nivel que le cubra la operación –y siempre y cuando no le jueguen una mala pasada con eso de las “situaciones preexistentes”, para no desembolsar parte del dinero que ganan–, no puede pretender que le hagan una operación de corazón, aunque en ello le vaya la vida.
Tristeza... ese es el sentimiento que primero aflora. Impotencia también, por ver que hoy el dinero compra seguridad, compra justicia y compra salud... al punto tal que si uno tiene dinero, puede salvar la vida. Si no lo tiene, se muere.
¿Hay excepciones? Claro que las hay.
”Bueno... estamos en el horno –dijo Kojak–. Así que prepárense porque no va a ser fácil”.
Y consiguió que trasladen a la paciente de la entidad privada que por menos de una cifra con cuatro ceros atrás ni se ponía las batas del quirófano, a un hospital zonal, donde seguramente no habrá “hotelería” cuatro estrellas ni tantos recursos, pero donde la capacidad de los profesionales no tiene nada que envidiarle –más bien es al revés–, a la de esos cogotudos, comerciantes de la salud, dueños de consultorios elegantes en los que reciben a su clientela de nuevos ricos casi sin excepción corruptos.
Así que hoy ya llevaron a la paciente al hospital público, ya preparada para la intervención.
Ocurre que aunque todo paciente es importante para ellos, en este caso en especial, la paciente no es una desconocida para nosotros.
La paciente es la madre de Betina, de Beti, de La Enana.
Se descompuso mal en la madrugada del martes 16, con un cuadro complicado de una seria afección cardiaca y hubo que llevarla de urgencia a una clínica, porque a la edad que tiene al corazón cuando protesta, hay que escucharlo y tomárselo en serio.
¿La atendieron? Sí, claro. Le hicieron los primeros estudios y... le dijeron que tenía que hacer un depósito por la internación. Y después, cuando se habló de la operación, le mencionaron esa cifra con cuatro ceros atrás. ¿Qué sentido tendría decir cuánto es? Para una jubilada viuda, es demasiado. Para una madre cuyo único sostén es su jubilación y la ayuda que le puede dar una hija que trabaja en salud pública, que a su vez tiene dos hijos en edad escolar, y que sale a luchar todas las mañanas, también es demasiado.
Pero antes de las nueve de la noche de ayer Robert –Kojak para los amigos–, “el pelado”, el odontólogo que ha llegado a pagar de su bolsillo las prótesis de los pacientes, en su carácter de director, dijo las palabras mágicas:
“Bueno... estamos en el horno... Así que prepárense porque no va a ser fácil. La mamá de Beti mañana, se opera en el hospital, ¡qué joder!”
El director de la clínica, en un gesto no desprovisto de magnanimidad –hay que decirlo–, le informó a nuestra amiga que podía retirar el dinero depositado en garantía y que sólo se le cobraría el traslado a la clínica durante la urgencia.
Gracias, buen hombre. Muy generoso de su parte.
Hoy quiero pedirles a todos los que lean, que apuesten para que la mamá de La Enana salga bien de la operación y recupere la salud.
Hoy, también, quiero que se den por enterados de cuál es el motivo por el que los llaman “La Banda”.
Porque no dudaron ni un instante en ayudarla. ¿Cómo? Algunos con dinero y los que no tenían, dándole lo que podían: saber que podía contar con ellos para lo que fuere. No todos los que diariamente conviven o convivieron con Beti hicieron lo mismo, y por eso no forman parte de ese grupo de hombres y mujeres genuinos, sensibles al sufrimiento, generosos de espíritu, leales, profesionales y solidarios no sólo con la mamá de una compañera. Cuando se es solidario, se lo es con el semejante, con el género humano, se trate de quien se trate.
Porque saben disfrutar a rabiar y cuando se ríen, se ríen a lo pavote. Porque cuando dejan un comentario en nuestro blog, son unos perfectos guarros. Porque se quieren. Porque tienen en alto aprecio a la amistad. Porque se respetan, y son dignos de ser respetados. Porque son capaces de decir lo que sienten, lo que piensan y lo que creen con absoluta libertad. Porque son capaces de putearse entre ellos, pero cuando “las papas están en el horno”, cierran filas y ponen manos a la obra sin pensar, ni por un momento, en celos, rivalidades y, menos que menos, en el dinero.
Porque se toman en serio eso de “... y aliviar el sufrimiento y respetar la vida” que alguna vez dijeron, con el título en la mano, en el aula magna de la facultad.
Porque trabajan en condiciones deleznables. Porque no tienen ni recursos ni ayuda ni asistencia del gobierno que debería dárselas. Porque les sacan muestras gratis a los APM para regalárselas a los pacientes que no pueden pagarse los remedios.
Porque, como los amigos de Serrat, son unos atorrantes y yo, personalmente, prefiero a esos “atorrantes” íntegros, que a los “impecables” de doble cara y a los que son más falsos que un billete de tres pesos. Que de esos hoy en día, sobran.
Por eso son La Banda. Ellos y nadie más que ellos.
La Banda de personas más querible y respetable que he conocido en mucho tiempo.
Y aunque en apariencia este post no tiene nada que hacer en este blog, lo publicamos porque sí, porque creemos que debemos escribir esto, porque queremos que La Enana sepa que estamos al lado de ella y apostamos a la vida.

Como dentro de un rato lo estarán haciendo sus compañeros en el quirófano diciéndole a la muerte –con sus conocimientos, su pericia y sus desvelos–, que se vaya, que ahí Thanatos no tiene –de momento al menos–, nada que hacer.
Porque, señoras y señores, amigos, parientes y vecinos y estimados lectores: erotismo, etimológicamente, viene de Eros, el amor.
La vida, vamos.
Simon
PD: Y ojalá que el día de la primavera, podamos compartir el asado.