Colección Voyeur

Domingo 21 de Septiembre de 2008
APM IV

(O final con una situación embarazosa)

Quedamos en que estábamos jugando al ginecólogo y la paciente, pero algo más que de mentirita, porque yo estaba en la camilla de ginecología, y mi señor mayor encantador se había puesto el guardapolvos, se había sentado sobre la butaca y había empezado a jugar con la boca y los deditos de tal manera que empecé a sentir que me subían los calores...
Sus labios se pegaban a los míos –no los de mi boca, precisamente–, y me hacía un reconocimiento tal que me temblaban los muslos y lo único que atinaba a hacer era apretar fuerte las agarraderas de la camilla.
–¡Me derrito!
–Mmmmhhhh –dijo, con la boca ocupada, la cabeza entre mis piernas, separándome los muslos que, involuntariamente, yo tendía a cerrar porque aquella caricia me estaba matando.
–Ahora vamos a probar algo que te va a gustar... –dijo, y metió la mano en el bolsillo. Un minuto después empecé a sentir un calorcillo que me subía por el vientre hasta el esternón y creo que hasta se me ruborizaron las mejillas.
–Se recomienda una aplicación progresiva...
–Mmmm... –el calorcito que seguía subiendo
–Ahora vas a sentir los cambios de temperatura. ¿Sentís?
¿Cambio de temperatura? ¿Cambio de temperatura? Sentía que alguien me había encendido un soplete entre las piernas y que el fuego empezaba a abrasarme. Se me estaba congestionando el pecho (y en mí eso es decir mucho) y la sensación cada vez era más fuerte
–¡Me pusiste un potenciador de feromonas! –protesté, alargando las manos y obligándolo a incorporarse.
–Ahora yo voy a probar un nuevo spray para prolongar la erección y vamos a ver qué pasa con eso de gozar con total desenfreno.
Escuché un “¡Sssss!” y cuando abrí los ojos estaba parado frente a mí, mirándome, y haciendo algo con su mano entre mis piernas y las suyas y de pronto...
–Ahora vas a sentir qué significa arder hasta consumirse... –murmuró, un instante antes de penetrarme. Se me escapó un quejidito.
Se inclinó hacia mí y me besó en la boca. Fue un beso salvaje. Posesivo. Húmedo y blando. Y empujó un poco más fuerte
–¡Ah!
–¿Así?
–Más...
–Bueno, más –y me hizo el gusto.
–¡Seguí! –le ordené, porque en ciertos momentos me saca ponerme mandona y exigente.
Quise incorporarme un poco, pero tenía los tobillos trabados en los estribos de la camilla. Me apoyé sobre mis codos y acerqué mi rostro al de él.
–¡Me muero! –gemí.
–No es necesario...
Hundí mis dedos en ese cabello fino y canoso cuando su boca se adueñó de mis tetas.
–¡Lo que me estaba perdiendo! –murmuré.
No sé cuánto estuvimos así, pero el bombonazo de señor mayor no parecía cansarse. Se ve que el spray del laboratorio daba óptimos resultados, porque con sus manos me agarraba de la cintura y me hacía seguir el movimiento de su penetración una y otra vez. Entré en ese estado mezcla de ensoñación y delirio del que no se puede regresar tan fácil cuando uno cruza la línea y de pronto sentí la cosquillita que te dice que eso que tenés adentro está por explotar y a mí, esa sensación, me potencia las mías así que también me dejé llevar y explotamos juntos.
Después de un rato de sosiego para reponernos, solté mis piernas y me giré para volver a jugar y empecé por apoderarme de su “juguetito de la felicidad”, y estaba en eso de satisfacer mi angustia oral cuando de repente... se armó la de Dios es Cristo.
Unos golpes fuertes, seguidos e insistentes en la puerta.
–¡Abrí! ¡Sé que estás ahí..! ¡Abrí te digo!
–¡Oh, no! –dijo el señor interesante, agarrándose la cabeza con las manos–. ¡Mi mujer!
–¿Tu quéeeeeeeee? –reconozco que me tomó por sorpresa.
–Mi mujer... La que golpea es mi mujer.
–¿Y qué hace acá? ¿Es ginecóloga?
–No, ¿qué ginecóloga? Es periodista.
–Entonces se equivocó de piso. El salón de conferencias está en la planta baja.
–No es broma... –dijo el señor APM, agarrando el pantalón y la camisa.
–¡Abrí de una vez! ¡Me voy a quedar acá hasta que salgan! –insistía a los gritos la mujer, que por lo visto tenía la certeza de que: a) su maridito estaba ahí; b) no estaba solo; c) quien lo acompañaba no era doctor y no tenía pito, sino que era mujer y tenía “cuevita”; d) que no estaba hablando de productos farmacéuticos: e) que lo había pescado con las manos en la masa (Bueno... a veces me dicen: “¡Bebé! ¡Sos una masa, vos!", así que no estaba muy errada que digamos).
–Dejame a mí –le dije, muy resuelta. Me acerqué a la puerta manoteando el ambo, verifiqué que estuviera el pasador corrido y le dije, mientras me zambullía dentro del ambo: –Esto es ginecología, señora... estamos atendiendo.
–¡Saliiiiiiií de ahiiiiiií YA MISMO! –fue la respuesta de la señora, ofuscadísima ella, que se ve que no se la creyó.
–¡Estamos fritos! –dijo el dulce de su marido.
–¿Por qué?
–Es enferma de los celos –me informó, recién en ese momento. Se ve que se le había pasado por alto el dato–. Si nos ve juntos acá dentro me mata. Nos mata
Recordé algunos episodios similares –en especial el de La Enana, aunque el ex de ella no era del tipo papelonero e histérico, como la señora–, y recién entonces pude experimentar en carne propia qué se sentía cuando una se encontraba en una situación como esa.
–¿Que hacemos? –preguntó mi bombón, con el terror dibujado en el rostro, la camisa desabrochada y sujetándose los pantalones sin terminar de abrocharse el cinturón.
–No sé vos...yo me voy –le dije, poniéndome la chaqueta del ambo. Listo y acá-no-ha-pa-sa-do-na-da.
–¡Noooo! –mi APM preferido pegó un salto–. Ni se te ocurra salir ahora
–¿Por qué?
–Es capaz de matarte –gimió, buscando las medidas debajo de la camilla de ginecología.
–Papi una preguntita, sólo para saber... ¿ves muchas películas policiales, vos?
–No, te aseguro que no –me dijo, y lo dijo en serio–. Si no te mata, puede hacer algo peor...
–¿Peor que matarme?
–Y sí, puede haberse venido con un escribano para certificar mi adulterio.
–¿Tu qué?
–Mi adulterio, ya me escuchaste.
Recien ahí comprendí que mi “cuenta cuentos”, además de tener un cagazo de Padre y Señor Nuestro, había leído demasiadas novelas de John Grisham, ése que era abogado y le fue mal y se puso a escribir y se llenó de plata. Claro que no podía hacerlo entrar en razones, porque este buen señor estaba aterrado y sentía que estaba al borde del abismo. De manera que era inútil explicarle que para probar un adulterio se necesitaba algo más que venir con un escribano, aunque te encuentre desnudo junto con una mujer también desnuda en una cama toda alborotada.
Así que me salió todo lo que de protectora heredé de mi mamá y manoteé una camilla y dos sábanas de quirófano.
–Acostate boca arriba en la camilla y... por favor, sacate los zapatos y las medias –le dije.
–¿Qué vas a hacer? –preguntó, con los ojos que se le salían de las órbitas.
–Vos dejá que mamita sabe.
–Pero...
–Ningún “pero”, acuéstese en la camilla, sea buen chico y deje que mamá pida socorro.
Ahí nomás pelé el celular, y escribí un SMS: “Beti: urgente. Ginecología. Sala 15. Estoy en apuros rompiendo bolsa”.
Después me saqué las zapatillas, me acosté arriba de él y tiré encima la sábana larga, la que sirve para taparle la cara a los que ya no necesitan el hospital.
–Vos calladito, que todo va a salir bien –le recomendé, sabiendo que me estaba transformando en escudo humano para el caso que no hubiera exagerado y a la mujer, en un ataque de celos, se le diera por empezar a los tiros.
Creo que no pasaron ni dos minutos cuando escuché:
–Permiso, señora –la voz de La Enana.
–¡Permiso nada! –la señora, que seguía ofuscadita–. ¡Acá esta mi marido encerrado con una mujer!
–¿Que está quién? –dijo Betina, con el tono de sorpresa que mejor le sale, en el  entendimiento que la mujer a la que se refería no era otra que su entrañable amiga "Angelito". –Oiga, señora, mire... esto es una sala de ginecología y vengo a buscar a una paciente embarazada para llevarla al quirófano. Acá no hay nadie encerrado con nadie.
–¡Ah, claaaaaaaro! ¿Y adónde está mi marido, entonces?
–Si no sabe usted, señora... ¿Se le perdió su marido? ¿Y por qué tendría que estar acá? –La Enana, cuando quiere, es capaz de sacar de las casillas a un monje trapense en estado de gracia y meditación.
–¡Yo voy a entrar! –la mujer, empacada–. ¡O tiro la puerta abajo!
–Mire, señora –me la imagino, a La Enana, con aire de jefa de enfermera caricúlica, revoleándole el índice delante de la cara a la mujer–. O se corre de acá o llamo a vigilancia para que la retire.
“¡Grande, Beti!”, pensé, y decidí que tenía que darle una ayudita.
–¡Doctora! ¡Por favorrrrr! ¡No aguantooooo mássss! –grité desde adentro, y debajo de la sábana, arriba del bombón que traspiraba como si tuviera malaria y estaba más pálido que un nuevo huésped recién llegado a anatomopatología. De pronto, se escucharon más voces.
–¿Llamó, doctora?
–Sí, por favor, desaloje a esta mujer, porque tengo una parturienta que hay que llevar al quirófano y la señora está provocando un disturbio
–¡De acá no me voy! –la voz cada vez más encrespada de la mujer–. ¡Y no me sacan ni con la policía!
–Doctora... ¿quién está adentro? –la voz de Pepe, uno de los muchachos de vigilancia, que es lo más parecido a un guardaespaldas de sindicalista o a un “Patovica” de boliche bailable.
–Es la Nena –contestó Beti.
–¿La Nena? –la voz de Pepe–. ¡Ah, bueno! Mire, señora... –empezó a decir.
–¡Usted a mí no me asusta! ¡Yo quiero entrar ahí!
–Señora... se lo pido por última vez –La Enana, conciliadora, después de haberla puesto más loca que un plumero.
–¡Dije que no me voy!
–Desaloje a la señora, por favor –sin vacilaciones, Beti dio la orden como si se tratara de un sargento.
–¿Qué pasa? ¿Qué pasa? –el APM Senior, que a esa altura estaba transpirando frío.
–Nada, dulce. Sólo que me metés en un quilombo y encima pretendés que te explique... ¿No te parece que estás muy loquito, papi? Y meté los ojos para adentro que se te van a escapar –le dije, sonriéndole, nariz con nariz.
Curioso como en casos extremos, teniéndome tendida a todo lo largo, y pese a que se había aplicado el spray para mantener la erección, este buen hombre parecía haber perdido no sólo la erección, sino el pito vaya una a saber dónde.
–¡Yo-tam-bién-en-tro! –siseó la mujer y, acto seguido: –¡Eh! ¿Qué hace? ¡Suélteme! ¡Usted no puede! ¡Suéltemeeeee! –me imaginé los brazos de Pepe, rodeándole el talle y levantándola del suelo como si fuera una nenita.
–¿Adondecreeeustedquevaaaaa? – fue lo único que le escuché decir a Pepe.
Entonces, de pronto, se abrió la puerta y entró La Enana con una enfermera y un camillero y cerró la puerta, por las dudas.
–A ver, mamita... ¿Qué le anda pasando, eh? ¿Por qué grita así? –dijo, en un tono de voz lo suficientemente alto como para que se escuchara de afuera.
–¡Porque me dueeeeeeeeeeeeleeeee! –yo, haciendo más escombro.
–Sí, claro, mamita, le duele. Seguro que cuando hizo esta pancita, no gritaba así...
–Yo no, cretina, pero vos, que sos una gritona, seguro que sí –le susurré por lo bajo.
–Bueno, ahora la vamos a llevar a la sala de partos, porque llegó el momento, ¿eh? Tranquilita, que le dieron el goteo –la muy caradura metió la mano por debajo de la sábana y anduvo tanteando –¿Ve, ve? Tiene la dilatación óptima.
–¡Yo quiero entraaaaaaaaaar! –gritaba la mujer, mientras Pepe la tenía inmovilizada.
–Sebastián, directo a sala de partos –dijo La Enana.

Así que ahí nomás, mientras Pepe tenía inmovilizada a la mujer del buen hombre que yacía debajo de mi cuerpo al borde del colapso, y como si se tratara de la carpa del Circo Sarrasani, salimos La Enana, la camilla con nosotros dos y el pobre Sebastián que tenía que arrastrar como podía semejante peso.
–Angelito ¡qué ganas de meterte en líos! ¡Uf! –protestaba Sebastián por lo bajo.
–Pero es que no imaginé que iba a venir la señora, Seba –susurré yo, levantando un poco la sábana–. Y menos que iba a ser tan celosa...
–Mi mujer es así –intervino el señor de las canas y los cuentos.
–¡Usted cierre el pico! –gruñó la enfermera.
–Mire doctora yo no sé qué está pasando pero nunca sentí que una mamá embarazada tenga semejante dialogo con su bebe fuera de la panza –bromeó Sebastián, empujando la camilla.
–¿Quién te dijo que es una embarazada? –preguntó La Enana, que a esa altura de las circunstancias, ya se estaba divirtiendo bastante.
–Usted me dio que fuéramos a la sala de partos.
Escuché el chirrido de las puertas batientes y de pronto alguien sacó la sábana y ahí estábamos, mi visitador médico y yo, sobre la camilla, y Sebastián, la enfermera y La Enana mirándonos.
–¿No ves que es una situación embarazosa?

Después me contó Beti que, sólo para gastarla un poquito más, le dio el gusto a la señora y la dejó entrar a ginecología –siempre sujeta por los brazos como tenazas gigantes de Pepe–, para que comprobara con sus propios ojos que su marido no estaba ahí.
–¿Y? ¿Adónde está su marido, eh? –le preguntó, con los brazos cruzados en la espalda y esa actitud condescendiente que tiene con alguna gente.
–N-no-no... es-está –dijo la mujer, desorientada.
–¡Claro que no está!
–Pero... pero... –balbuceó la mujer.
–¡Hágame el favor! ¿No tiene otro lugar adonde ir a hacer papelones? –cuando quiere, a Beti la indignación le sale que ni actuada por Sharon Stone–. ¡Llévese a esta loca a la salida antes que tenga que llamar a la policía! –le dijo a Pepe, que no la soltó hasta que llegaron al playón de ambulancias.
Es cierto que a veces lo extraño, ¿por qué no decirlo?. Desde que mi APM no viene, no tengo a nadie que me cuente cuentitos traviesos y cada vez me resulta más difícil conseguir muestras gratis de algunos productos especiales.

Foto: Cortesía & © by Getty Images

 
Publicado por Ángel a las 05:00

Respuestas
21 Septiembre 2008 - 08:50
Enviar un emailVero
Con este el final , subimos la térmica en esta mañana primaveral!!!!.....jajajajaja... Grande Angelito!!!!Nos enseñaste como se sale airosa de una situación tan húmedamente comprometida...jajajjaja...dicen que la llegada de la primavera activa todas las hormonas...jajajjaja......Arriba los corazones...!!!.Gracias Angelito por regalarnos cada domingo un post , tan lleno de ocurrencias, fantasías y verdades...fiel reflejo de lo que pensamos muchas mujeres, pero que a veces no nos atrevemos a decir en voz alta... por el famoso ''que dirán'' o simplemente por prejuicios o estructuras que arrastramos desde nuestra infancia.Y ahora la pregunta del millón:...Tiene fecha de lanzamiento tu libro?...quiero ir!!!!.Primita adorada, en esta PRIMAVERA te envio toda la energía!!!Te quiero mucho.Tu Prima- Vero.PD/: Feliz PRIMAVERA para todos...Angelito&Simón,Beti,Robert& La Banda, el Team de Voyeur y para los lectores.Buenas vibras!!!
21 Septiembre 2008 - 09:51
Enviar un emailAngel
Hoy, en esa parte del mundo donde esté Argentina, es el equinoccio de la primavera. En el ritmo de las estaciones todo pasa a llenarse de vida. La voz de los pajaritos quedase más fuerte, las flores aparecen luminosas y, a despecho de toda los dolores y luchas, también las personas rodean en fiesta. Día a día, el tiempo pasa sigilosamente por nuestro lado. Raudo y veloz se hace dueño de nuestras vidas. Pero sólo algunos privilegiados, conscientes de ello, deciden de vez en cuando parar pequeños instantes, para observar y observarse en silencio. Para poder mantener perenne una imagen o un sentimiento o una sonrisa o una mirada o el tacto de un beso o el florecer de un almendro. Deseo que hoy tengas la suerte de ser una de esas personas privilegiadas... Feliz Día!!! Para Simon especialmente!!!! http://www.youtube.com/watch?v=iebElLGBCdQ&feature=related Vero:Feliz Dia Primisss...gracias por tus palabras y por tu afecto Cuanto Vale ser claros y transparentes.Que tengas un muy hermoso y florido día! ... http://www.youtube.com/watch?v=62Z2Prqchbk&feature=related Feliz primavera para todos... Angel P/D:El libro falta poquito;=)
21 Septiembre 2008 - 11:16
Monica
Me divierte leer estas historias que rayan la DULCE LOCURA risas que rayan ... He sonreído miles de veces Okani se preguntaba cuánto más duraría aquella locura... Y yo te pido que nunca se acabe la tuya... Genia............ Empieza la semana de la primavera!!!! Cuanto la esperamos!!! Beti Lo mejor para tu mami. BESOS A TODOS/AS Simon feliz dia!!! Moni
21 Septiembre 2008 - 20:19
Dolores
Waaaaauuuuuu esta vez me diverti super… los días tus méritos y deseos alcanzados Tus relatos me parecen piezas de Teatro .... ME DIVIERTE EL SEXO Y REALIZAR COSITAS NUEVAS LA IMAGINACION ES UNA DE MIS VIRTUDES ACOMPAÑADA DE TUS RELATOS... Beso Amiguisss Te kero Dolo
22 Septiembre 2008 - 07:10
Enviar un emailAngel
Gracias chicas...besitos las quiero. Acá ban besos de Beti.... Angel
22 Septiembre 2008 - 07:11
Betina
Acá recien llego a tomar unos mates con Euge... y nos vamos volando al Hospital. mi mama esta un poquito mejor gracias por todo el afecto. Simon besos Beti
22 Septiembre 2008 - 10:28
La Banda
Se Siente,Se Siente...La Nena Esta Presente!!!! No, no, no puedo parar de reirme! jajajajajajajajajajajajajaj!!!! no puedo parar de reir!!!!Padre Coraje se apodaba el caballero... No puedo parar de reir cuando pueda pasalo a video, y así lo tenemos para ponerlo cuando estamos estressad@s, ta buenisimo!!!! Quiero la historia completa en un video...va enserio... No te mando besos Nenaaaa te los doy acá... Salud 2 al Maestro. Robert y la Banda. ¿La nena? Recopilando material por los pasillos...jajjajjajajja Mentira Simon la tenemos `^encadenada^encadenada a pocos pero efectivos eslabones.... La Banda.
22 Septiembre 2008 - 10:28
Ruben
Tus relatos me erotizan un beso Ruben
22 Septiembre 2008 - 11:08
Enviar un emailSergi
Tu erotismo super llegaa querer + insinuante erotismosaludable hace bien leerte Muaaaaaaa Sergi
22 Septiembre 2008 - 19:55
Enviar un emailAngel
Simon y el team de Voyeur estan estudiando la posibilidad de poner el traductor...Herramientas del idioma;)))) para no quedar colgado y entender todos los comentarios de mis amigos de la Banda...jajjajaja Pero hay un lugar donde no puede llegar con esa herramienta complementaria ... Es que La escritura,es el espejo encantado donde se refleja la faz misteriosa del alma... La escritura...Es como una fotografía de la personalidad. Un beso de una Grafoanalista y/o Kinesiologa.. Los quiero Angel
23 Septiembre 2008 - 22:19
Enviar un emailAnamar
Amiga, me has hecho reír a carcajadas con tu relato de este domingo. Lo disfruté de principio a fin. Cariños a montones
24 Septiembre 2008 - 06:46
Enviar un emailAngel
Que placer leer que disfrutaste de mi post mi extrañable y querida Amiguissss Me gusta contar mis experiencias entre amigos y que tod@s las disfrunten...tanto como yo disfruté de esos momentos;))) Anamar besitos Te quiero Angel P/D:D-E-S-E-S-P-E-R-O- por leer la segunda parte de Abigail... Menos mal que fué un SMS de un Bombon y no de Antonini Wilson!!!

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