La conocimos desenvuelta, traviesa, juguetona, risueña, desenfadada, pícara, reflexiva, ocurrente, sensual, lujuriosa, profunda y atrevida.
Cuando nos pusimos en contacto con ella para decirle que queríamos publicar sus post, nos contestó que lo sentía como un halago, y nos acarició con sus palabras y su dulzura.
Ya nos habíamos acostumbrado a su presencia de los martes y a sus relatos.
Natalie, aunque de lejos, era parte de nosotros.
Digo "era" ya que a partir hoy, de momento, se despide, porque alguno de esos genios locos que tratan de demostrar que son más listos que el resto de los mortales, hizo desaparecer con un virus todo el sitio de blog.ya.com, donde Natalie tenía su bitácora.
Nosotros no habíamos previsto guardar sus historias en una carpeta, y ella no había conservado una copia de lo publicado.

Hoy descubrimos esta faceta de su personalidad que no conocíamos: está enfurruñada.
Es comprensible.
Por eso no le decimos adiós, sino hasta pronto. Quizás vuelva a reescribir su historia con nosotros cuando se le pase el enojo.
Foto: Cortesía & © by Point-of-view