La lengua hace un nudo de hilo, para enredar la metáfora de citas clandestinas, desnudez desdibujada, cruces hechas de perlitas húmedas que su lengua recoge. Sabor salado y cálido sobre el mapa del desasosiego.
Blanca agua reflejada en su llama, lenguas dulces escamoteadoras de segundos, rodar en una blanca cama.
Deseo que abastece cada rincón y curva, que muere en ese ombligo.
Agitándose los cuerpos y el tiempo quieto, muy quieto.

Ella sentada sobre él.
Roce, roce y más roce. Piel sinuosa e insinuante, grafismo de la avidez.
Encadenados al vuelo, susurros, alas que los hacen libres por un tiempo.
Nacimiento y muerte.
Los recuerdos acompañan a la soledad mientras entre los muslos de ella se desliza su mano y aspira el olor que quedo en su cuerpo impregnado.
Sonrisa.