Cuando nació, en 1908, era una nena. Una buena nena burguesa, de familia acomodada. Eran ella y su hermanita Helène, unos añitos menor. Vivían como querían, los Beauvoir, hasta que el papá se fundió haciendo negocios y Au revoir! Se acabó lo que se daba y se desacomodaron.
Y tanto se desacomodaron que a las hermanitas Beauvoir, que habían sido educadas en colegios de monjitas, les debe haber pegado mal la adolescencia, porque se armó la Grand.
A Simone le dio por ser díscola. Empezó por estudiar filosofía en La Sorbona y se le cruzó por delante un tal Jean-Paul Sartre, que también era estudiante de filosofía, de quien se dice que tenía una especial predilección por las jovencitas escolares y que un día daría que hablar, el pibe este.
En 1929 ambos ?Jean Paul y Simone?, tiraron la chancleta y se dedicaron al amor con tal pasión, libertad y modernidad, que más de una vez, la relación terminó en escándalo.
¿Vieron que no es común que se nos cruce por la cabeza imaginarnos cómo era Einstein con las mujeres?
Bueno, por lo menos a mí no se me cruza.
Tampoco se me había cruzado imaginarme a Simone en la intimidad, dejándose fotografiar o tomada por sorpresa mientras se ?producía? frente al espejo casi toda descalza. Y digo "casi toda", porque aunque la foto no tiene buena resolución, parece que los zapatos los tenía puestos.

¿Qué si tenía derecho a fotografiarse desnuda? ¡Pero claro que lo tenía! Ese no es el punto de discusión. Lo interesante del tema es poder mirar esta verdadera curiosidad en materia de fotografía soft de madame, tal como Dios la trajo al mundo. Si vale decirlo, porque a partir de cierta edad Simone se olvidó todo lo que las monjitas le habían enseñado.

Foto © by Elliot Erwin
De esta manera la autora de ?La Invitada?, ?La sangre de los otros?, ?Los mandarines? ?obra con la que ganaría el premio Goncourt?, y ?El segundo sexo?, cuando se le puso entre ceja y ceja escribir acerca de la mujer, volcó-mal.
Si Sartre era un pillín-pillín, Simone no le iba a la zaga, y teniendo a mano el argumento del existencialismo se dedicó a tener intensos romances con el escritor Nelson Algren ?al quien conoció en un viaje a los Estados Unidos. Cuando se pelearon, se deprimió.
Mientras tanto, la relación con Sartre ?que a su vez tenía asuntillos con la actriz Dolores Vanetti? todo-bien, aunque el hecho que viera tanto a Lola, le producía ansiedad.
Pero salió fácil de la depresión cuando a los cuarenta y dos años se enamoró de un pendex de veinticinco años que militaba en el PC y que trabajaba en la revista Les Temps Modernes, un tal Claude Lanzmann, que a esa edad era joven, fuerte, idealista y resistente-rendidor como un marinero senegalés después de seis meses de embarque y que le debía dar duro y parejo a Simone porque fue el único muchacho con quien se comprometió a vivir.
Por supuesto se olvidó de deprimirse y de la ansiedad no se habló más, Sacre bleu!
El jovenzuelo ?no sé de qué se asustan algunas ahora, porque haya señoras que tengan predilección por los postadolescentes?, vivaracho como pocos y fiestero viejo, debe haber sido el único que le demostró que él no era celoso y que si ella tenía algo con Jean-Paul, todo-bien, ningún rollo.
A los cuarenta y ocho se dedicó a inmortalizarse con su autobiografía ??Memorias de una joven formal??, y después de pasar la barrera de los cincuenta y pico, le pegó-mal la menopausia, porque se enroscó con el tema y se sentó a escribir ?La Vejez?. Su última obra, fue un homenaje a su queridísimo Sartre: ?La ceremonia del adiós?. Cuando murió, en 1986, era una ?señora mayor?, porque las mujeres nunca llegamos a viejas.
Pero... ¿qué estoy escribiendo? Si acá lo importante era mostrar la foto de Simone, ya entradita en años y en carnes, en polainas.
¿Qué tiene que ver eso con su capacidad literaria, sus concepciones filosóficas y el aporte que le hizo al feminismo?
Nada. Pero... ¿vio que se dice que las mujeres somos todas unas brujas entre nosotras y nos gusta sacarnos el cuero?
Bueno, es cierto.
¡Mirala vos a Simone!