Lo mío parece ser grave. Debo ser una nostálgica contumaz, una romántica retrógrada, nada fashion, que se ha quedado anclada en un pasado que –teniendo en cuenta las modas de este mundo progre, globalizado, materialista e hiper individualista–, se me hace tan remoto como los trajes con chaleco que usaban los hombres.
¿Camas separadas? ¿Una opción diferente?
Pero si hasta ayer nomás, una esperaba el momento de compartir la cama con su hombre, con ronquidos o sin... [continúa]
¡Jo-der! (disculpad el exabrupto).
Hasta donde me da la memoria, Cosmopolitan era una revista de esas que se autotitulaban “respetables”, para señoras de su casa, para amas de casa honestas que esperan a su maridete con la comida en la mesa y en los cajones, espigas de lavanda para que las camisas huelan mejor y los niños aseados y dormidos en sus cuartos.
Pues algo ha pasado en este mundo en algún momento de la historia reciente, y yo me lo he perdido.
Como... [continúa]
Hace muchos años que no nos vemos. Me queda de ti un único recuerdo, pero se me antoja la imagen de una escena de una película. En la cama, con tu expresión lánguida y tu semblante adolescente, me hablas de Cocteau y de temas que ni conozco, ni me importan. Por lo menos, en este momento.
De pie, delante tuyo, inmóvil y sin saber que hacer, mi silueta proyectada hacia la cama, las paredes que se alargan y tú que te haces muy pequeño.
¿Te has dado cuenta por fin? Sí,... [continúa]
A eso de las cuatro de la mañana,
cuando invade un poco de frío la alcoba
y clarea el alba.
“Ausencia”, Manuel Machado
Aunque esté dormida, por extraño sortilegio, te siento llegar. Vas derecho al grano. Sin preámbulos. Tu boca se apodera de mis pechos. Basta el primer contacto de tu lengua para que mis pezones se endurezcan como piedras. ¡Ah! ¡Me has sorprendido otra vez, y no puedo ni quiero resistirme.... [continúa]
Hasta ayer, una lectora que nos leyó, y nos escribió. A partir de hoy, la autora, que escribe así sus estupendos relatos cortos los que serán publicados de a uno por domingo. Queridos lectores, les presentamos a Anamar, de Venezuela, que así escribe. Deléitense.
Para ti, Navegante experto de mi entregado cuerpo,
porque tú y yo también somos tal para cual
Hago girar la llave en la... [continúa]
Era divorciado.
Por aquellos tiempos, no era tan simple tener un romance con un hombre divorciado. También bastante mayor, pero para mi sorpresa descubrí que tenía algo que hoy podría definir como un magnetismo animal, primitivo y salvaje mezclado con dulzura, la terneza y la sensibilidad de un niño grande.
Era un hombre digno, que se había ganado mi admiración por su caballerosidad, por su educación, por su vastísima cultura. Además, era un excelente y experimentado amante.
Los... [continúa]
Me pasó una vez, cuando la revolución hormonal de la adolescencia me tenía a maltraer, aunque en ese entonces –creo recordar–, no fue en el subterráneo.
Ayer lo vi por primera vez entre el gentío que se apiñaba en el andén, a la hora punta, cuando los que tienen trabajo, regresan a sus hogares.
No puedo describir qué tenía de especial, pero cuando me sorprendió mirándolo fijo, cautivada y con las fantasías haciendo cabriolas en mi cerebro y estragos en mi bajo vientre, me temblaron... [continúa]
... El problema en la pareja es grave.
Una psiquiatra conocida me explicó detalladamente el proceso, repetido y tan triste de ver en tantas parejas de hoy.
La respuesta sexual –según lo entendí cuando me explicó lo que podría considerarse el abc en materia de sexualidad–, tiene tres fases: deseo, excitación y orgasmo. Cuando el problema se encuentra más cerca de la última fase (el orgasmo), resulta más fácil de resolverlo, puesto que no están afectados ni el... [continúa]
El secreto –según mi amiga–, para que el hombre no se fastidie por dejar que la mujer tome la iniciativa y el mando a la hora del amor, es hacer como en cierta música clásica, que presenta variaciones para un mismo tema o como en materia de cocina: unos espaguetis no son más que unos espaguetis y de eso no queda duda. Pero no es lo mismo servirlos así, tal cual como salen de la olla, que acompañarlos con una apetitosa salsa de frutos de mar. ¿Os dais cuenta?
El secreto es la creatividad... [continúa]
¡Hola a todos! Aquí estoy, otra vez, para seguir con la serie dedicada a las sugerencias de cómo variar, con vuestras parejas, las posturas en el sexo. Para que ese momento de amor y delectación no termine por transformarse en un mero trámite. Allá vamos, pues:
En la entrega anterior les mencioné a mi amiga, a la que le gusta llevar las riendas de la relación sexual. Ella dice que son momentos... yo creo, conociéndola como la conozco, que son todos los momentos porque es una tía... [continúa]
Un par de semanas atrás me cité con dos amigas de aquí para compartir la cena y conversar tranquilas. Ya sabéis cómo somos las mujeres. De esto y de aquello, todas hablando al mismo tiempo y entendiéndonos perfectamente (hecho que no deja de maravillar a mi señor marido, que no atina a comprender cuál es el truco. ¡Que no hay truco, querido!).
Habíamos terminado con los entrantes y disfrutábamos de un excelente Chardonnay cuando una de mis amigas puso el tema sobre la... [continúa]
Esta postura, La Libélula, es parecida a Somnolienta. Parecido no es lo mismo.
También, en este caso, tu pareja y tú debéis tenderos de costado en un lugar cómodo y flexible. La cama es lo más apropiado, por cierto. ¿No queréis hacerlo en la cama? Pues en el sofá de la sala, pero cuidando que no haya sorpresas como visitas inesperadas o críos que se fueron a la disco y regresan sin previo aviso porque estaban a-bu-rri-dos y no había marcha suficiente.
Aquí, otra... [continúa]
¡Jolín! Aquí estoy. ¿Os acordáis cuando empezamos con esta sección? ¿Qué os dije? Todo aquello que no está hecho o que esté por hacer o que se haya atrasado... Como sea, allá voy.
Tal como había iniciado esta sección, se trata de dar alguna que otra sugerencia para hacer más fascinante el juego del amor. Pocas cosas superan, en belleza, a un rostro feliz y pletórico de esa sensualidad que se despliega cuando el sexo se practica con amor.
Hoy recomienzo este cursillo que lleva como... [continúa]
¿Me disculpan el desliz? Digo, ésta, hoy casi cursi confesión.
Apuesto, estoy segura, que podré compartirla por lo menos con un lector, con uno me alcanza.
Desperté hambrienta de magia y es una caricia escuchar la letra de esta canción.
Estarás agradecido, creeme, porque no te llegará cantada por mí –no es mi fuerte–, pero mirá, su letra es tan bella. Escucho en este instante:
Verte Dormida
Verte dormida, cerquita
mío
... [continúa]
Al llegar nos instalamos en la hostería que había contratado desde Buenos Aires, el lugar elegido era mejor de lo que había podido vislumbrar en Internet.
Era una hostería, acogedora, pequeña, con más plantas que ladrillos. Todos los rincones de la habitación, así como lo que en ella estaba dispuesto con un gusto exquisito, era de color blanco. A través del amplio ventanal que prometía un acceso directo a la playa podía verse el mar profundamente azul.
–[continúa]